- La crisis modifica el perfil de los enfermos: hombres de mediana edad con cuadros de ansiedad
- La crisis dispara el consumo de estos fármacos y aumenta las consultas de salud mental del SES
La crisis perjudica seriamente la salud mental de los extremeños. Al menos es lo que se deduce del aumento en los últimos meses de la demanda de consultas de especialistas y el consumo de psicofármacos por habitante. El Servicio Extremeño de Salud admite que ha detectado un aumento «por encima de lo esperable» en la prescripción de antidepresivos y ansiolíticos. «Desde 2004 se ha registrado una tendencia al alza que oscila entre un 7 y un 7,5% anual y este último año se ha situado en 8,5%», explica el subdirector de Salud Mental del SES, Leopoldo Elvira.
Este psiquiatra señala que no se puede establecer una relación causa efecto del repunte con la coyuntura económica. Apunta, sin embargo, que la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea consideran que el estrés psicosocial, venga del paro, de la inestabilidad laboral, de la pérdida de estatus social o económico o de la desvalorización social que supone el no acceder a un nivel de renta, es un factor de riesgo o un desencadenan de cuadros ansioso depresivos. Este experto considera que si la crisis se prolonga va a tener un impacto en la salud mental de la población.
Desde las consultas de Atención Primaria confirman la tesis de Leopoldo Elvira. El doctor Paco Carramiñana, de la Sociedad Extremeña de Medicina Rural y Generalista (Semergen-Ex) explica que se ha producido un cambio de perfil en los pacientes que acuden a su consulta con problemas de salud mental.
«Son hombres de mediana edad que han perdido el trabajo y que pueden pertenecer a cualquier clase social, porque en contra de lo que se pueda pensar la crisis está afectando a todas las clases sociales», apunta Carramiñana. Resume que entre las dolencias más habituales de las que se quejan los pacientes están la ansiedad, los problemas de sueño y las somatizaciones.
Algunas de estas consultas se derivan al servicio de psiquiatría porque necesitan de un especialista, pero otras muchas se resuelven con la receta de un ansiolítico o de antidepresivos de base, según explica Carramiñana, que opina que no siempre es necesario «psiquiatrizar».
Desde la Atención Primaria, recomiendan utilizar el apoyo de la familia y, una vez agotada esa vía, buscar ayudas de los especialistas, si es necesario. Apuntan que el sistema sanitario extremeño tiene algunas carencias: «Hay una lista de espera larga. El personal es insuficiente… Así que no podemos derivar a tantos pacientes como nos gustaría», reconoce. Desde la subdirección de salud mental, Elvira admite que existen retrasos. Apunta que en sus consultas también hay más pacientes. En 2009 se atendieron 115.000 consultas de psiquiatría y psicología en Extremadura, mientras que en 2008 fueron 112.500. También hubo un incremento de nuevos pacientes. Mientras que en 2009 hubo 18.500, el año anterior se registraron 16.800.
Más psicoterapia
El tratamiento indicado no es el mismo en todos los casos y los expertos critican que se opte por la opción más fácil: los psicofármacos en detrimento de la terapia. «En muchos de estos trastornos adaptativos la indicación no siempre va a ser un psicofármaco, algunas veces es más recomendable una psicoterapia. Su uso en la región, sin embargo, está por debajo de lo que se considera aconsejable», considera el psiquiatra Leopoldo Elvira.
El resultado se refleja en el incremento de los psicofármacos en Extremadura. Según la farmacéutica Pfizer, el ratio por extremeño al año se sitúa en 0,88 envases, en el caso de los antidepresivos, y en 1,22, para los tranquilizantes. Los colegios oficiales de farmacéuticos de Cáceres y Badajoz confirman que en los últimos doce meses el uso de estos fármacos se ha incrementado hasta en un 16% con respecto al año anterior. Los más vendidos son Orfidal, Lexatin y Trankimazin.
Los psicólogos argumentan que el consumo de estos medicamentos obedece a la búsqueda de soluciones inmediatas. «Cuando se produce un malestar económico asociado a una posibilidad de pérdida de un estatus muchos de los afectados buscan una salida rápida, sobre todo los hombres, por lo que es más normal que acudan a su psiquiatra o a su médico de cabecera para que les recete un psicofármaco, que es mucho más rápido que la psicoterapia. Buscan el alivio del síntoma, pero es difícil que la gente se pase toda la vida tomando química, eso no es bueno», valora Rosa María Redondo, decana del colegio oficial de psicólogos de Extremadura.
Ella también señala a la situación económica como la causa del incremento. «Viene mucha gente que busca soluciones para afrontar el cambio. Muchos de ellos ni siquiera han llegado a perder su empleo pero sólo el miedo a que suceda hace que acaben con ataques de ansiedad. Esto es algo muy tangible en los varones y se acrecienta si su pareja también ha perdido su trabajo», señala Redondo. La ansiedad se materializa en falta de concentración, dificultades para conciliar el sueño, fatiga continuada, problemas a la hora de trabajar… Ante esta situación la tendencia, es buscar soluciones en la química. «El optar por el medicamento para encontrar una solución a este problema significa elegir el camino corto. Buscan una solución a los problemas de sueño y cuando lo solucionan con los fármacos se sienten mejor, pero no se dan cuenta que eso no acaba con el miedo». «Estas sustancias les ayudan a pensar que vuelven a tener el control, su autoconfianza crece. Por lo tanto, puede ser necesaria en el inicio, pero después hay que disminuirlos en función que la terapia avanza.
Útiles en su justa medida los psicofármacos se pueden convertir en aliados, pero también en el peor enemigo. Los farmaceúticos recuerdan que muchos de ellos son altamente «adictivos». Encontrar el equilibrio entre su uso y la terapia es lo más recomendable.
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