Psicologia - Psiquiatria ***

 

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martes, agosto 29, 2006

La ansiedad y sus trastornos

Daniel, un empleado administrativo de 35 años, concurre a su médico clínico porque desde hace unos meses tiene problemas para conciliar el sueño; las contracturas en cuello y espalda lo vuelven loco y le cuesta concentrarse no sólo en su trabajo sino hasta para leer el diario. Dice sentirse tenso como una cuerda de violín a punto de cortarse y le preocupa que algunas malas contestaciones hacia su mujer y sus hijos puedan conducirlo a un deterioro de sus vínculos. Luego de revisarlo y encontrarlo, en general, saludable, su médico le pregunta si está enfrentando algún problema de difícil solución. Daniel le cuenta que la situación en la oficina es insostenible: el jefe tiene sus favoritos y persigue a los que no son parte de su séquito, una reestructuración de personal está en puerta y teme —debido a la pobre evaluación que seguramente elevará sobre él— no ascender nunca o, peor aún, quedar en la lista de los que indemnizarán y despedirán.

Cuando Daniel le pide a su clínico un ansiolítico que disminuya su nerviosismo y lo ayude a dormir mejor, éste, en lugar de recetárselo sin más, se detiene a explicarle que la medicación lo aliviará en el corto plazo pero nada solucionará su problema de fondo: el ponerse demasiado ansioso ante las dificultades. Le indica bajas dosis de ansiolítico para que descanse mejor pero le recomienda tomarlo por un corto tiempo y comenzar a la brevedad un tratamiento psicológico orientado a aprender mejores estrategias para manejar su excesiva preocupación y tensión.

El miedo, una de las emociones básicas de las que está dotada la humanidad, se define como aquella sensación subjetiva desagradable que se pone en marcha ante peligros reales; se acompaña de determinados cambios fisiológicos y conductuales —sobresaltarse, gritar y huir del peligro o luchar contra él o paralizarse o desmayarse—.
La ansiedad, en cambio, es una emoción similar pero no idéntica al miedo: se dispara cada vez que la persona evalúa que en un tema que le resulta importante existe un peligro a futuro para el cual cree carecer de los recursos necesarios para hacerle frente. “¿Y si me despiden...?” “¿Y si me enfermo de cáncer...?” “¿Y si hago el ridículo...?” “¿Y si mi marido me deja...? “¿Y si...?” son las expresiones que resumen la esencia de la aprensión ansiosa.

DISTINTOS CUADROS. Los trastornos de ansiedad son aquellos cuadros psicopatológicos en los cuales la excesiva ansiedad constituye el problema central. El “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” (2000) describe ocho en los cuales el tratamiento psicológico está indicado. Ellos son el Trastorno de Pánico, con o sin Agorafobia; el Trastorno de Ansiedad Social o Fobia Social; las Fobias Específicas; el Trastorno Obsesivo-Compulsivo; el Trastorno por Estrés Agudo; el Trastorno por Estrés Post-traumático y el Trastorno de Ansiedad Generalizada.
Este último es el cuadro que sufría Daniel; se caracteriza por la preocupación excesiva respecto a una amplia gama de sucesos o actividades, que se prolonga por más de seis meses y se acompaña con algunos síntomas tales como inquietud, insomnio, fatiga fácil, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular.

Los trastornos de ansiedad son muy frecuentes en la población, pero un altísimo porcentaje de quienes los sufren no buscan tratamiento. Ignoran que el progreso científico ha generado nuevos métodos de psicoterapia de eficacia y eficiencia científicamente comprobada para su curación. Entre el 70 y el 80% de quienes con ellos se tratan, consiguen un alivio significativo en su malestar en 25-30 semanas de trabajo y se ha demostrado que la mejoría se mantiene en estudios de seguimiento realizados uno o dos años después de la terminación del tratamiento

Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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lunes, agosto 28, 2006

Cómo vivir siendo demasiado diferente

Una frase que se ha atribuido a León Trotzky, reza lo siguiente: “Todos los seres humanos son iguales, pero hay algunos que son más iguales que los demás.” Algo parecido puede decirse de otra manera.
“Todos los seres humanos son diferentes, pero hay algunos que son más diferentes que los demás”.

Esta segunda frase es más lógica y más comprensible, pero sin duda la primera es más graciosa. Porque, de alguna manera, contiene una burla. La pretensión de una igualdad propuesta en exceso, nos lleva a ignorar matices peculiares, trascendentales de la naturaleza humana.

Los conceptos de igualdad y de diferencia, aplicados a los seres humanos, y llevados a nivel abstracto, nos conducen a dos conceptos filosóficos también contrastantes, los de determinismo y libertad. En cierta forma todo lo que está determinado es igual, homogéneo y estable. En cambio, todo lo que es diferente, es libre, inquieto y variable. Y aunque la solución parezca conformista, una afirmación que se puede proponer y que todos aceptaríamos, es que somos iguales y que también todos somos diferentes.

Pero el problema que se plantea para el vivir y para el convivir es el siguiente: ¿ Donde empieza la igualdad y donde termina la diferencia? Hay quienes dicen que la igualdad, paralela al determinismo, el orden, la regularidad, al conocimiento científico, requiere como condición, para ser totalmente establecida, esperar mayores adelantos.

Llegará un día, cuando se puedan controlar todos los conceptos que determinan al ser humano, en que las diferencias no serán más que factores, aún poco conocidos, que formarán parte de una explicación total, racional, de los hechos.

En cambio, los partidarios de la diferencia, o de la libertad, señalan que todo lo que en la naturaleza del hombre, en la cultura y en la estructura de la sociedad, se va haciendo igual, queda como muerto y que solamente tiene interés del punto de vista de los valores humanos, aquella visión inquieta que es la creatividad, incluida la diferencia.

Podemos seguir expresándonos mucho tiempo a través de este contrapunto, y encontrar ejemplos en todos los órdenes humanos. Lo cierto es que el diálogo entre lo igual y lo diferente no lleva miras de terminarse.

Desde un punto de vista del diario vivir y convivir, las igualdades y las diferencias entre los seres humanos, tienen una gran importancia.

Cualquier autor, consciente a veces e inconscientemente la mayoría de ellas, se aproxima a una de estas dos formas de pensamiento.

Lo que en psiquiatría pretende ser o basarse en una ciencia, lleva una inevitable tendencia a inclinarse por el determinismo.

Freud quizá aspiraba a que a través del conocimiento del psicoanálisis, los tres estados del yo, el oral, el anal y el genital, la resolución de los diversos complejos, el edípico, la envidia del pene y el de castración, y su programa de aplicar las resistencias y las transferencias, todos los seres humanos iban a poder equilibrarse, regularse, adecuarse, para formar una humanidad más estable, más alegre, más feliz y que viviera de acuerdo a normas aceptables.

Por otra parte, lo que puede considerarse la doctrina opuesta en las escuelas psicológicas, el neo-conductismo de Skinner, Wolpe y Lazarus, aspiran a que todos los seres humanos, mediante un adecuado condicionamiento, puedan aspirar a vivir vidas homogéneas, controladas y plenas.

Si la psiquiatría se hubiera limitado a basarse en la mera ciencia, terminaríamos amarrando a toda la sociedad a través de una serie de leyes, conceptos y normas, que terminarán transformándonos en una serie de idiotas felices, de la serie de los gama, delta y épsilon de “Un mundo feliz” de Aldous Huxley.

Pero como aún no hemos podido hacer de la psiquiatría exclusivamente una ciencia, y como con la ciencia sola no hemos resuelto los problemas de nuestra existencia, se han introducido en ella, subrepticiamente a juicio de algunos, los problemas que aporta el pensamiento filosófico, artístico y religioso.

A partir de lo cual la psiquiatría vuelve a ser una disciplina que acepta a los irregulares, los inestables, los demasiados diferentes, los excéntricos.

Y henos aquí, a los que trabajamos con la conducta humana, metidos también, a pesar nuestro, en una discusión inagotable y que no nos da soluciones definitivas.

No, no se llega a una solución única. No se terminará nunca. Su estudio, el de las diferencias y las igualdades, forma parte nuestro permanente e inacabable diálogo con todos y cada uno de los pacientes.

Pero si bien no podemos llegar a una forma universal que dé serenidad, tranquilidad y felicidad a todos los seres humanos, por lo menos sentimos que, en el caso de cada uno, estamos discutiendo algo que es intrínsecamente suyo, personal, no modificable, no intercambiable con lo de ningún otro ser humano.

Con el paciente psiquiátrico, problematizado, con quien quiere profundizar en su autoconocimiento, con el que busca su “conócete a ti mismo” tenemos que dialogar permanentemente sin que nos sea dado llegar a una solución definitiva.

Admitamos, una vez más, que todos los seres humanos son iguales y que todos son diferentes. Ello no nos determina demasiados problemas con aquellas personas que no tienen demasiado dificultades en su vivir y en su convivir. Estas personas discuten su problemática a nivel filosófico y en ese campo no lo hacen con demasiada profundidad. La dificultad se plantea con aquellos individuos que sólo se sienten como demasiado diferentes a los demás.

Ellos sí sufren, tienen dificultades, y deben resolver activa y eficientemente el problema de su diario vivir.

Hace varios años, en un ensayo titulado “El concepto de estilo de vida en psicoterapia”, planteábamos el siguiente problema.

“Hemos pensado muchas veces que el concepto de personalidad normal o neurótica no nos era adecuado ni útil para ayudarnos a comprender a nuestros pacientes. Y tendremos que utilizar una palabra hoy desplazada, neuróticos, para expresar nuestro pensamiento.

“Hemos visto a la personalidad como un conjunto heterogéneo de procedimientos de adaptación al medio, algunos de ellos aceptables, otros desventajosos y otros totalmente inadecuados.

“La palabra neurótico nos servía para describir algunas personalidades y la palabra normal para otras.

En un menor número de pacientes, estos términos resultaban útiles para expresar la totalidad de la personalidad.

Un progreso en nuestro pensamiento fué el de describir las personalidades a partir de sus mecanismos y establecer que muchas de ellas, predominantemente normales, contenían mecanismos que podían considerarse neuróticos y, a la inversa, que otros individuos que no vacilaríamos en calificar como neuróticos presentaban algunas modalidades o formas de adaptación excepcionales, verdadero enriquecimiento de su personalidad, y que hubiera sido una verdadera mutilación instarlos a abandonarlas.

No resultando, por tanto, satisfactoria la división entre neuróticos y normales, y siendo también ineficaz el perfeccionamiento del concepto como predominantemente normales con rasgos neuróticos, o personalidades neuróticas con rasgos salientes que pudieran considerarse como positivos, buscamos otras fórmulas que pudieran ayudarnos a comprender a todos o a la mayoría de nuestros pacientes, dentro de los cuales pudieran ubicarse en una secuencia cuantitativa y cualitativa.

Estas reflexiones respecto a la libertad o la posibilidad de variantes que se dieran en el seno del hecho psíquico, junto con la dificultad de clasificar a los seres humanos en normales y neuróticos, normales con mecanismos neuróticos y neuróticos con mecanismos excepcionales nos llegaron a buscar una formula que se basara en el concepto de estilo de personalidad.

En nuestra práctica, cuando nos asistimos a un paciente, dejamos ya de preguntarnos si es neurótico o normal. Ambos conceptos nos parecen posibles, pero limitados a un pequeño número de casos.

No preguntamos, en cambio, cual es su peculiar modo de adaptación al mundo exterior, a sus relaciones con sus semejantes y consigo mismo.

Gracias a este cambio de objetivo, a partir de nuestra práctica, sentimos que habíamos avanzado un paso en la comprensión de nuestros pacientes.

Nos habíamos sacudido de encima los prejuicios duales de normal y patológico, adecuado e inadecuado, sano y neurótico *y estábamos buscando sus fórmulas propias e individuales.

Este avance, sin embargo, no resolvía todo el problema La pregunta, adaptable al título de este trabajo, vuelve a ser, reiteradamente.

¿ Cómo hace una persona demasiado diferente a las demás para vivir y convivir ? Es posible que la primer etapa de este trabajo la tenga que realizar el psiquiatra en sí mismo. Debe realizar la difícil tarea fenomenológica de despojarse de toda ideología o prejuicio, o ponerla entre paréntesis, que le impida identificar el auténtico lenguaje de su paciente.

Permítasenos señalar este hecho aparentemente novedoso. La primera tarea que es necesario realizar para ayudar a una persona demasiado diferente a vivir y convivir es comprender su naturaleza y para ello quien lo atienda debe liberarse de su propia personalidad.

Es preciso adoptar una actitud natural, ingenua, prístina, naciente, para intentar esa compresión.

El psiquiatra debe ser como el espejo de su paciente y dicho espejo debe ser tan pulido y azogado que lo refleje en su totalidad.

Así, el proceso terapéutico comprenderá varios interlocutores: el paciente, su imagen reflejada por el psiquiatra, lo que del psiquiatra permanezca como ente razonante, reflexivo, filosófico, lo que su propia experiencia pueda aportar al diálogo y finalmente, todos los conocimientos, prejuicios, ideologías, modelos y estilos que se encuentren presentes en la sociedad.

Ya nos hemos referido bastante a lo que significa ser diferente. Veamos ahora su extremo, el ser “demasiado diferente,” contenido en el título de este trabajo.

Demasiado es un exceso. Se enfrenta al dicho griego de “el justo medio de todas las cosas”. Lo demasiado es inconveniente, indeseable. El extremo negativo de cualquier hecho. Lo que es demasiado viola algún tipo de norma o de equilibrio.

El demasiado diferente ya sobrepasa los limites aceptables. Pertenece a una minoría. Se puede definir por lo menos como anormal, y en el lenguaje médico como patológico. Requerirá por tanto un conjunto nuevo, especialísimo, de conceptos para poder ser aplicado.

De cualquier manera, para dejar de confundirnos y lograr una solución a tanta pregunta, para pasar de lo meramente teórico a lo práctico, pragmático y operativo, terminaremos con un dicho de aquel brillante escritor irlandés que fué George Bernard Shaw- “Las personas normales se adaptan al mundo Los anormales pretenden que el mundo se adapte a ellos.

Por tanto, el progreso de la humanidad se realizará a expensas de los anormales.”

• La palabra neurótico se originó a mediados del siglo XIX por un médico inglés que definía con ella a toda aquella enfermedad en la cual no se encontraba un origen orgánico. La popularizó ese gran creador del lenguaje psiquiátrico, Sigmund Freud, a través de la palabra psiconeurosis designando , en una de sus definiciones, aquella persona que tiene problemas de personalidad, a través de los cuales sufre o hace sufrir a los demás.

• Hoy se encuentra casi sin utilizar en el lenguaje psiquiátrico, sustituida por los “trastornos de la personalidad.

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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Un estudio afirma que el matrimonio ayuda a combatir la depresión

El amor es ciego, pero el matrimonio te restaura la vista", dice una frase popular. Sin embargo, las personas con depresión pueden descubrir que el casamiento les mejora su situación. Al menos, eso es lo que indica un estudio con más de 3.000 adultos que se hizo en EE.UU. Y fue presentado ayer en el congreso anual de la Asociación Americana de Sociología.

Afirman que los solteros que sufren depresión consiguen mayores beneficios psicológicos cuando se casan en comparación con solteros que no padecen el desorden mental. En la actualidad, la depresión afecta a 121 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para enfrentarlo, se utiliza la psicoterapia, la administración de fármacos o la combinación de ambos.

El estudio que se presentó ayer agregó una controvertida salida: ¿puede el matrimonio ser un "remedio" contra la depresión? Las investigadoras a cargo del trabajo, Kristi Williams y Adrianne Frech, de la Universidad del Estado de Ohio, dicen que hallaron resultados opuestos a los esperados: "Creíamos que las personas con depresión obtendrían menos beneficios del casamiento porque la depresión de un esposo puede crear una tensión en el matrimonio y minar la calidad de la relación marital", afirmó Frech.

Entrevistaron dos veces a 3.066 personas que estaban solteras durante el primer cuestionario. Las primeras entrevistas fueron entre 1987 y 1988 y las segundas, entre 1992 y 1994. En el cuestionario había preguntas sobre la soledad, o el insomnio y otros síntomas de la depresión. Y las investigadoras encontraron que las personas con depresión hablaban de mejora. "El matrimonio puede darles a los depresivos la sensación de que ellos le importan a alguien, mientras que la gente que no padece el desorden puede haber sentido lo mismo desde siempre."

¿Qué opinan los especialistas? "En ciertos casos de mujeres, el casamiento puede atenuar algunos comportamientos, porque les hace sentir que cumplen el mandato de alcanzar un matrimonio. Pero puede no ser la solución: la depresión puede reaparecer tras el embarazo o a los 3 años de matrimonio", dijo Rosa Rivero, de la Asociación Argentina para el Desarrollo Integral de la Familia.

En tanto, para la psiquiatra Marta Borel, del Centro de Salud Mental Cigalus, "la depresión es un estado afectivo muy complejo al que se llega por el encadenamiento de diversos procesos. El deseo de vincularse con otra persona ya indica una mejora del estado depresivo. Pero la persona depresiva no deberá construir una relación de hiperidealización ni de sometimiento con el otro, sino una relación de paridad. Si no se acepta que todos podemos fallar, y si no hay amor por el otro, no hay posibilidad de que el amor cure".


Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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sábado, agosto 26, 2006

Depresión

Qué es la depresión?

La depresión es una enfermedad que se caracteriza por la presencia prolongada de un estado de ánimo abatido que afecta a la capacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas. Entre el 5-20% de la población se ve afectada en algún momento de su vida y es más frecuente en las mujeres

Se trata farmacológicamente, mediante psicoterapia o combinando ambos sistemas.

Cuando una persona ha pasado por un periodo depresivo tiene mayor riesgo de padecer otro.


¿Por qué nos deprimimos?

Existen tanto factores predisponentes como factores precipitantes que pueden contribuir a que una persona se deprima.


Factores predisponentes

Son característicos de la personalidad o del estilo de vida de una persona que la hacen susceptible a la depresión. Pueden estar relacionados con factores genéticos, con experiencias de la infancia o con circunstancias sociales.


Ffactores precipitantes

Son desencadenantes que provocan directamente la crisis depresiva. Un acontecimiento vital estresante, como por ejemplo la pérdida del trabajo o el final de una relación afectiva, puede desencadenar la depresión. Puede aparecer también como efecto secundario de ciertos medicamentos, como los betabloqueantes que se usan para el control de la tensión arterial (Propanolol).

En la depresión el metabolismo cerebral está alterado, debido a que las concentraciones de ciertas sustancias químicas son anormales. El objetivo de los antidepresivos es, precisamente, rectificar los desequilibrios de esas sustancias químicas del cerebro.


¿Cómo se siente una persona deprimida?

La depresión se caracteriza por la presencia prolongada de un estado de ánimo abatido que afecta a la capacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas. No es sólo "estar depre" una temporada.

Entre los síntomas de la depresión se incluyen:

  • Tristeza
  • Falta de interés en actividades que antes proporcionaban satisfacción
  • Falta de atención y de concentración
  • Trastornos del apetito; suelen consistir en pérdida del mismo, pero también se puede tener más hambre de lo normal.
  • Trastornos del sueño, que a menudo hacen que la persona se despierte muy temprano, y con la sensación de que el sueño no ha sido reparador.
  • Cansancio
  • Disminución del impulso sexual (libido)
  • Sentimientos de inutilidad o de desesperanza
  • Sentimientos de culpabilidad o de vergüenza
  • Pensamientos de autolesión e ideas de suicidio

¿Qué se puede hacer?

  • Averigüe si está sufriendo una depresión
  • Busque ayuda en cuanto aparezcan los síntomas
  • Lleve un estilo de vida que sea positivo para la salud mental: pase tiempo con los amigos, hable con los demás sobre ciertas preocupaciones o tensiones, busque tiempo para algún pasatiempo que le guste, haga ejercicio, no beba demasiado alcohol, evite fumar y no consuma drogas.

¿Cómo sabe el médico que se trata de una depresión?

Para realizar el diagnóstico el médico se basará en los síntomas que usted refiera. Por ello es importante decirle si está teniendo alguno de los síntomas de la depresión. En algunos casos le pueden pedir que responda a un pequeño cuestionario con preguntas sobre dichos síntomas.

El médico también le hará una exploración física y puede realizarle un análisis de sangre u otras pruebas para descartar otras causas para sus síntomas, ya que algunos de los síntomas de la depresión pueden también ser debidos a trastornos como la anemia o la falta de hormonas tiroideas.


¿Cuál es el curso de la enfermedad?

Algunas crisis depresivas se curan espontáneamente, es decir, sin ningún tratamiento. Pero no siempre es así y a menudo es necesario tratarlas. El tratamiento puede reducir tanto la duración como la gravedad de una crisis depresiva.

La mayoría de las personas sólo padecen un episodio depresivo durante su vida, o a lo sumo unos pocos. Pero en algunos casos puede haber recaídas frecuentes y es necesario establecer una terapia preventiva (profilaxis). El riesgo de recaída es menor si se siguen tomando antidepresivos durante seis meses después de recuperarse de la crisis depresiva.


¿Cómo se trata la depresión?

El tratamiento de la depresión debe adaptarse a las necesidades de cada paciente. La mayoría de las crisis depresivas son tratadas por el médico de atención primaria o por un psiquiatra del ambulatorio. Los pacientes con depresiones más graves en ocasiones necesitan ingresar en un hospital para recibir tratamiento.

Los estudios de investigación han demostrado que los siguientes tratamientos son eficaces en caso de depresión leve o moderada:

  • Medicamentos antidepresivos como los antidepresivos tricíclicos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o los inhibidores de la monoaminoxidasa.
  • Ciertos tipos de psicoterapia, especialmente la psicoterapia cognitiva y la psicoterapia interpersonal.
  • Las investigaciones también indican que la hierba de San Juan o hipérico y la terapia de resolución de problemas son tratamientos eficaces para algunas personas con depresiones leves o moderadas.

También se ha demostrado que los siguientes tratamientos resultan eficaces en los casos de depresión grave:

  • Medicamentos antidepresivos.
  • El electroshock se ha mostrado como un tratamiento eficaz para las depresiones graves que no responden a otros tratamientos o cuando se desee un efecto rápido (por ejemplo, en algunos casos de depresión posparto grave).

Dr. John Theilmann Larsen , farmacólogo clínico, Dr. Henrik Dam , especialista en Psiquiatría, Dr. John Powell , especialista en Salud Pública.


http://www.netdoctor.es/


Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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lunes, agosto 21, 2006

Recrean el dèja vu en un laboratorio

Se estima que casi el 97% de los seres humanos han experimentado alguna vez un dèja vu, palabra francesa que describe el sentimiento de que ya hemos visto algo con anterioridad.

En algunos casos severos, puede ser angustioso hasta el punto de causar depresión y a algunos pacientes que la sufren se les ha llegado a prescribir medicación anti-psicótica.

Recientemente, investigadores del Leeds Memory Group (Grupo de Memoria de Leeds) afirman haber encontrado una vía para recrear la sensación del dèja vu en el laboratorio mediante hipnosis, según información aparecida en BBC .

La revista New Scientist informa que los investigadores esperan que su trabajo arroje luz sobre el funcionamiento fundamental de la memoria humana.

Casi el 97% de los humanos han experimentado el deja vu, que hace sentir que ya hemos visto algo con anterioridad

Se cree que dos procesos claves suceden cuando alguien reconoce un objeto u escena familiar.

Primero, el cerebro recorre la memoria en busca de rastros para ver si los contenidos de esa escena habían sido observados con anterioridad.

Si lo han sido, entonces un parte distinta del cerebro identifica la escena u objeto como algo familiar.

En el dèja vu, este segundo proceso podría ocurrir por error, de modo que ese sentimiento de familiaridad es provocado por un objeto o escena novedosa.

Emplearon hipnosis para provocar sólo la segunda parte del proceso de reconocimiento, y para ello, los investigadores mostraron 24 palabras comunes a los voluntarios, luego les hipnotizaron y les dijeron que cuando a continuación se les mostrase una palabra dentro de un marco rojo, deberían sentir que esta era familiar, aunque no supieran cuando fue la última vez que la vieron.

Sensación peculiar

Después de haber salido de la hipnosis, se presentaba a los voluntarios una serie de palabras rodeadas de marcos de varios colores, incluyendo algunas que no estaban entre las 24 originales y cuyos marcos eran rojos o verdes.

De las 18 personas estudiadas hasta el momento, 10 informaron haber experimentado una sensación peculiar cuando vieron palabras nuevas en marcos rojos, y cinco afirmaron haber experimentado un dèja vu.

Estimular el cerebro, la clave

Algunas personas con epilepsia de lóbulo temporal informan sufrir frecuentes dèja vu.

Y trabajos anteriores en Francia han descubierto que estimular eléctricamente partes separadas del lóbulo temporal puede provocar una sensación de familiaridad acerca de cualquier cosa que la persona encuentre.

El profesor Alan Brown, experto en dèja vu de la Universidad Metodista del Sur, en Dallas, comentó: "Emplear sugestión hipnótica tanto para estimular, como para simular una experiencia de dèja vu podría ser potencialmente una vía fructífera de explorar el fenómeno".

"No tengo demasiados detalles sobre el proyecto de Leeds pero por lo que sé, parece ciertamente un trabajo sólido, con un resultado fascinante".




Enviado por Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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viernes, agosto 18, 2006

Sertralina, Paroxetina y Citalopram Evaluación de la adhesión al tratamiento antidepresivo

Indices de Persistencia, Cambio e Interrupción
(Department of Pharmaceutical Health Services Research, School of Pharmacy, University of Maryland, Baltimore, 21201, USA) -
Introducción y objetivos

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) se encuentran entre los fármacos indicados con más frecuencia para el tratamiento de diversos trastornos psiquiátricos. Representan un avance muy importante para el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad. En comparación con los antidepresivos más antiguos, tienen un mejor perfil de efectos colaterales; sin embargo, varios de sus efectos adversos obligan a cambiarlos por otro fármaco o a interrumpir el tratamiento. La incidencia varía entre los diferentes ISRS.

Para obtener resultados favorables es imprescindible la adhesión al tratamiento. Las recomendaciones actuales sugieren el tratamiento continuo durante al menos 4 a 9 meses luego de la resolución de los síntomas para prevenir las recurrencias. Sin embargo, más del 68% de los pacientes lo interrumpen tempranamente. La suspensión puede suceder de 3 maneras: cambio por otro ISRS, por una droga de otra clase o abandono completo del tratamiento. El cambio de un ISRS por otro es un tema debatido y poco estudiado. En la práctica habitual se prefiere el cambio por una droga de otra clase y no por otro ISRS, a pesar de que los pacientes responderían mejor a otro inhibidor de este tipo.

El objetivo de este estudio consistió en describir los patrones de cambio y de interrupción en pacientes que recibieron sertralina, paroxetina o citalopram de marcas reconocidas. Se compararon los índices de cambio de un ISRS por otro y los índices de interrupción entre los pacientes que comenzaron el tratamiento con estos ISRS.

Pacientes y métodos

El presente fue un estudio de cohortes y retrospectivo. La información se obtuvo a partir de la base de datos Protocare Sciences. Los pacientes, de 18 a 64 años, iniciaban su tratamiento con sertralina, paroxetina o citalopram. Se aseguró que la droga fuera de una marca reconocida. Además, debían cumplir los criterios diagnósticos para depresión, trastorno por estrés postraumático o trastorno de ansiedad social. No fueron incluidos los pacientes con diagnóstico de manía o esquizofrenia, trastorno obsesivo compulsivo o de angustia. Tampoco se incluyó a los pacientes que se encontraban en tratamiento simultáneo con 2 ISRS y sólo se investigó a aquellos que iniciaban su tratamiento con un inhibidor de esta clase. Para asegurarlo, se procuró un período de reposo farmacológico previo de 180 días. Se incluyeron los registros de prescripción para todos los ISRS durante el período del estudio. La condición de adhesión al tratamiento con un ISRS se clasificó en el siguiente orden: cambio, interrupción o persistencia. La droga índice se definió para cada paciente mediante un algoritmo.

Además de evaluar los índices de abandono, cambio y persistencia se realizó un análisis de los días de supervivencia. Se cuantificó el tiempo de cambio o de interrupción del tratamiento con el ISRS y se compararon las curvas de supervivencia entre las drogas. Además, se evaluaron los efectos relativos de las drogas y los factores de confusión. Por último, se llevó a cabo un análisis adicional de sensibilidad.

Resultados

La cohorte final estuvo integrada por 14 933 pacientes, de los cuales el 71.62% eran mujeres. Las edades variaron, en su mayoría, entre los 30 y los 59 años. Las dosis diarias promedio de los ISRS fueron de 71 mg para la sertralina, 21 mg para paroxetina y 25 mg para el citalopram. Catorce mil ochocientos cuarenta y ocho pacientes fueron diagnosticados con depresión, 224 presentaron trastorno por estrés postraumático y 64, trastorno de ansiedad social. Algunos sujetos cumplieron los criterios diagnósticos para más de una entidad.

En el análisis principal, la interrupción del tratamiento se observó, dentro de los 6 meses, en el 71.38% de los pacientes. El cambio por otro ISRS sólo se verificó en el 3.25% y únicamente el 25.37% fueron persistentes. Los 5 204 pacientes que recibieron paroxetina mostraron índices de abandono y de cambio de fármaco más elevados, y una menor persistencia en comparación con los 5 598 individuos tratados con sertralina. Para los 4 131 pacientes que recibieron citalopram, los resultados fueron similares a los obtenidos en el grupo tratado con sertralina. Las diferencias mencionadas entre los pacientes tratados con paroxetina y los que recibieron citalopram o sertralina fueron estadísticamente significativas.

De acuerdo con el análisis de sensibilidad, se observaron niveles elevados de persistencia y niveles menores de cambio de tratamiento y de interrupción para todos los pacientes.

Respecto de las curvas de supervivencia, el grupo de pacientes tratado con sertralina fue más persistente que aquel que recibió paroxetina, tanto en el análisis principal como en el de sensibilidad. De acuerdo con ambos análisis, no se identificaron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos tratados con sertralina o con citalopram. En cambio, las discrepancias entre los grupos tratados con citalopram y paroxetina fueron sustanciales. En el análisis principal, los pacientes bajo tratamiento con paroxetina tuvieron mayores probabilidades de cambiar de fármaco o interrumpir el tratamiento en comparación con aquellos que recibieron sertralina. Las probabilidades fueron similares para los pacientes que recibieron citalopram o sertralina. La persistencia resultó mayor para la sertralina que para la paroxetina, y similar a la del citalopram.

En cuanto al análisis de sensibilidad, los resultados fueron similares. Los individuos tratados con paroxetina fueron más propensos a cambiar de fármaco o a abandonar el tratamiento en comparación con aquellos que recibieron sertralina. El citalopram resultó similar a este último fármaco en términos de riesgo relativo.

Se halló inconsistencia entre los análisis de las covariables. La edad se correlacionó negativamente con el cambio o la interrupción tanto en el análisis principal como en el de sensibilidad. El sexo masculino tuvo un efecto positivo, aunque no significativo, en el mismo análisis. El pago de un coseguro tuvo un efecto negativo, aunque no significativo en el análisis principal, sobre el cambio y la interrupción del tratamiento.

Discusión

La probabilidad de obtener efectos positivos es elevada cuando las drogas se toman adecuadamente. La ausencia de conformidad del paciente arriesga los resultados del tratamiento y aumenta la tasa de recaídas y de recurrencias en la depresión. El tratamiento antidepresivo adecuado requiere un mínimo de 180 días. Los resultados del presente estudio coinciden con trabajos anteriores, en los cuales se documentó una duración inadecuada del tratamiento.

Según estudios previos, la conformidad con el tratamiento con ISRS difiere según la etapa.

Un estudio informó una incidencia de abandono del 28% durante el primer mes de tratamiento y del 44% hacia el tercer mes. Los índices de persistencia hallados en el presente estudio fueron, aproximadamente, del 25%. Esto coincide con los datos previos.

Se obtuvieron diferencias de incidencia de depresión entre los sexos, con una frecuencia mayor entre las mujeres, lo cual también coincide con estudios previos. Además, se detectaron diferencias de incidencia de acuerdo con la edad. Los casos de depresión aumentaron con la edad en la adultez temprana, con una frecuencia máxima entre los 30 y los 40 años, para luego decrecer.

La persistencia fue menor para la paroxetina que para la sertralina o el citalopram. Según los resultados de un estudio previo realizado en pacientes que recibían sertralina, paroxetina o fluoxetina, aquellos inicialmente tratados con fluoxetina tuvieron menos probabilidades de interrumpir el tratamiento. En cambio, los que inicialmente recibieron paroxetina fueron más propensos a abandonarlo. En otro estudio retrospectivo, sin embargo, no se hallaron diferencias significativas en los índices de cambio de fármaco entre los pacientes que comenzaron el tratamiento con paroxetina, sertralina o fluoxetina. En otros estudios se informaron índices de cambio de droga mayores en los pacientes que recibieron fluoxetina en comparación con la sertralina. En cambio, en un trabajo adicional se hallaron menores probabilidades de cambio de droga en los pacientes tratados con fluoxetina y, en segundo lugar, con sertralina.

Frecuentemente se prefiere el cambio de un ISRS por una droga de otra clase debido a la probabilidad de un nuevo fracaso terapéutico con una droga del mismo tipo. Sin embargo, los ISRS tienen propiedades diferentes y los pacientes que no responden a uno de ellos pueden tolerar otro adecuadamente. Los autores hallaron índices de persistencia mayores para la sertralina y el citalopram en comparación con la paroxetina. Sin embargo, debe decidirse si las diferencias en los índices de persistencia resultan clínicamente significativas.

Además, se halló un efecto negativo de la edad sobre el cambio y la interrupción del tratamiento y el sexo masculino tuvo un efecto positivo sobre la persistencia, aunque éste no fue significativo en el análisis principal. No se pudieron identificar los motivos de cambio y de abandono de la terapia.

La respuesta anterior predeciría la respuesta futura al tratamiento. Sin embargo, debido a que los ISRS no se encuentran desde hace mucho tiempo en el mercado, la presencia o ausencia de respuesta previa sería similar para los pacientes incluidos en este estudio que recibieron cualquiera de los 3 ISRS. No obstante, la hipótesis no pudo evaluarse formalmente.

Entre las limitaciones del estudio se mencionan el sesgo de selección y la fuente de datos. La información respecto de factores importantes en cuanto a la interrupción y al cambio del tratamiento, como la gravedad de la enfermedad y al entorno familiar, no estuvo disponible.

La gravedad de la enfermedad es importante en cuanto a la conformidad con el tratamiento.

Las investigaciones futuras deben tener en cuenta este factor.

Conclusión

La persistencia fue menor en los pacientes tratados con paroxetina, en comparación con el citalopram y la sertralina. Se necesitan investigaciones adicionales para documentar el impacto clínico de las diferencias halladas entre los ISRS. No obstante, tanto el paciente como el sistema de salud se beneficiarán con una droga cuyo perfil de adhesión sea adecuado.



Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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sábado, agosto 12, 2006

Depresión post parto

La depresión post parto onsiste en el desarrollo de una depresión en la madre, tras el nacimiento de su hijo. A veces se puede explicar fácilmente, bien porque no es un hijo deseado, o porque al nacer, el bebé comporta limitaciones, anormalidades. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones esta Depresión parece no tener sentido (era un niño deseado, el parto fue rápido y no trabajoso, el niño nació normal). Este trastorno lo sufren en silencio un gran número de mujeres.

Estadísticas aproximadas señalan que afecta a una de cada diez parturientas.
SINTOMAS: Tristeza, Irritabilidad, Fatiga, Insomnio, Perdida del apetito, Incapacidad para disfrutar, Desbordamiento (las madres con Depresión post parto, tienen la sensación de no disponer de tiempo para nada, de no hacer nada bien y de no poder hacer nada para remediarlo).

-Ansiedad: Suele ser aguda y se traduce en maneras, como temor a quedarse sola con el bebé por miedo a que éste grite, no quiera comer, se ahogue, se caiga o se haga daño de cualquier forma.

La depresión post parto puede desarrollarse aún cuando el amor por el recièn nacido sea intenso. En estos casos, la madre teme desesperadamente perder a su bebè por no cuidarlo bien, porque no se desarrolle adecuadamente, por una infección o bien teme que muera súbitamente (si pasa el bebè mucho tiempo en silencio, llegan a pensar ¿habrá dejado de respirar?.Es frecuente que la paciente desee ser constantemente tranquilizada por su pareja, su familia, su médico o cualquier otra persona.

La ansiedad también puede hacer a la madre que se preocupe intensamente por su propia salud; por ejemplo, puede sentir pánico cuando su pulso se acelera, llegan a pensar incluso que tienen algo malo en el corazón, o que pueden estar al borde de un accidente cerebro vascular(derrame cerebral).Pueden, también, presentar temor a "volverse loca".

¿CUANDO OCURRE LA DEPRESION POST-PARTO?

La mayoría de los casos reportan esta depresión en el primer mes después del parto, aunque en ocasiones este trastorno puede aparecer seis meses más tarde.

CAUSAS PROBABLES

No existe una causa única, hay una serie de factores de riesgo que pueden precipitarla:

-Una historia previa de Depresiòn (especialmente Depresiòn-Postparto)
-Falta de apoyo por parte de la pareja.
-Un bebè prematuro o con cualquier tipo de enfermedad o malformación.
-El que la nueva madre haya perdido a su madre cuando era niña.
-Una sucesiòn de acontecimientos vitales adversos, como: fallecimiento de un ser querido, la pérdida de empleo de la paciente o de la pareja, problemas económicos, problemas de vivienda, etc.

Hay que señalar también, que una mujer puede sufrir una Depresión post-parto, sin que se aprecie ninguna razón obvia para la misma.

¿QUE SE PUEDE HACER?

Lo primero es reconocer y diagnosticar la Depresión. Muchas madres deprimidas no son conscientes de que tienen esta enfermedad y se sienten avergonzadas de admitir cómo les ha afectado su reciente maternidad.

La depresión Post-parto es muy frecuente y con tratamiento sin duda, mejorará: Se recomienda hacer conocer a la paciente que el tratamiento necesitará su tiempo para hacer efecto y que será necesario que reciba apoyo hasta que se recupere. En este momento es importante involucrar o comprometer a la pareja, de modo que él pueda comprender qué es lo que está sucediendo (se debe tener presente que él también ha estado sufriendo las consecuencias de la Depresiòn post-parto de la esposa).Esto es realmente importante, ya que si él está confundido, resentido, puede no comprender hasta qué punto su esposa necesita de su apoyo y ayuda para que no surjan más problemas.

PREVINIENDO LA DEPRESION POST PARTO

Existen 3 formas de prevención: detectar precozmente el trastorno, tratarlo rápidamente y evitar sus consecuencias, al respecto se sugiere:

-No intente ser una sùpermujer.
-Evite mudarse de casa mientras está embarazada o hasta que el niño no tenga, por lo menos, seis meses.
-Haga amistad, o contacte con otras parejas que están esperando un hijo o que lo hayan tenido recientemente.
-Identifique a alguien en quien puede confiar, es bueno disponer de una amistad a quien acudir en caso de necesidad.
-Asista a las clases prenatales o preparto y que también asista su pareja.
-Si ha sufrido previamente una depresión post parto, no significa que vaya a tenerla de nuevo en el siguiente parto. Lo que se recomienda tras el parto, es que se ponga en contacto con su médico para que éste vigile la posible aparición de cualquier signo de recurrencia de la depresión post parto, y así comenzar lo antes posible con el tratamiento.




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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La depresión, enfermedad de nuestros tiempos

Hoy por hoy, la depresión es una de las enfermedades más devastadoras que aquejan a la humanidad. Según antecedentes de la Organización Mundial de la Salud, 121 millones de personas la padecen en la actualidad. Y los pronósticos a futuro no son nada de alentadores: se calcula que en el 2020 ésta será la primera causa de baja laboral en las naciones desarrolladas y la segunda enfermedad más frecuente en el planeta, tras la cardiopatía.

Algunas estadísticas revelan que en Estados Unidos, el 25% de la población sufre de depresión en algún momento de su vida. De otro lado, un reciente estudio realizado por el Instituto de Estudios Políticos-Sociológicos Eurispes de Italia, reveló que el 70% de las mujeres de ese país europeo tiene depresión.

Chile no está libre del flagelo. Según antecedentes de la Sociedad Chilena de Salud Mental, cerca de un millón de personas sufre del mal, una cifra equivalente a la población de las regiones Primera y Segunda. Aún más, estadísticas de la OMS señalan que Santiago encabeza las capitales con más alto número de depresión.

Según la Dra. Alejandra Armijo, estudios de la Universidad de Chile revelan que una de cada tres consultas en todo el servicio público de Santiago está dadas por trastornos ansiosos depresivos.

La depresión es el trastorno mental más frecuente de todos y no hace distingos de sexo, edad, clase social o nacionalidad. Afecta a hombres y mujeres, de todos los grupos etáreos y de cualquier condición socioeconómica. No obstante, las mujeres son el grupo más expuesto. Tal como lo afirma la Dra. Armijo, "de acuerdo a una serie de estudios que se han efectuado durante largo tiempo, se ha visto que las mujeres en edad reproductiva, desde que comienza el ciclo menstrual hasta que lo finaliza cerca del climaterio, son más proclives a sufrirla". Agrega que en la adolescencia o en la edad adulta, la frecuencia de la depresión es la misma para hombres y mujeres.

Cabe tener en cuenta, sin embargo, que son precisamente las mujeres las que buscan ayuda con mayor facilidad, siendo por tanto posible que las depresiones masculinas pasen más inadvertidas.

Nuestra región tampoco está ajena a esta enfermedad, conocidos son los casos de suicidios en la ciudad de Puerto Aysén, hay quienes se han preocupado por el tema y hasta varias hipótesis son las que han surgido. Una es la extraña atracción que ejerce el puente y el río en el estado de ánimo de las personas; la constante lluvia de la ciudad, la llegada de la primavera y la falta de trabajo.

Es por esto que la Asistente social y encargada del programa de salud mental en la región, María Isabel Muñoz, indicó que "a partir de la necesidad planteada por la comuna de Puerto Aysén y por la dirección del servicio en relación a la ocurrencia en el mes de octubre de cuatro casos de suicidios, nació la necesidad de ver el tema de salud mental en general y ver los factores de riesgo en la comuna de Aysén,".

Agregó que es por ese mismo motivo que el programa de salud mental está diseñando una propuesta de intervención para el riesgo de suicidio, "es decir saber qué es lo que hay que hacer para intervenir los factores de riesgos que hacen que las personas puedan tomar una decisión tan drástica como es terminar con su vida, en este tema nos está colaborando el psicólogo Antonio González quién trabaja con nosotros cuatro horas de apoyo, ya hemos ido en dos oportunidades a Puerto Aysén" señaló la profesional.

"Una de las cosas que se va a hacer con bastante intensidad es una capacitación y una asesoría permanente al equipo de la salud para la intervención del suicidio, lo segundo es una intervención para el riesgo, dado que éste no aparece a los 15 años, sino que desde antes de ser concebido muchas veces y los riesgos están identificados como por ejemplo madres adolescentes, madres sin redes, pobreza, falta de proyectos de vida, estar fuera del sistema educacional, estar fuera del sistema de participación o de las oportunidades que pueda brindar el comportamiento y la comunidad propiamente tal" indicó María Isabel Muñoz.

Finalmente dijo que "el servicio está altamente preocupado por el tema, el establecimiento también y estamos pidiendo las ayudas necesarias en lo específico para que podamos hacer un muy buen trabajo allí, la idea es trabajar fuertemente ahora en el verano. Es importante mencionar que los temas de salud mental tienen un tremendo trasfondo social, que tiene que ver con las oportunidades en la vida, por tanto cabe preguntarse que hace que los jóvenes no amen la vida lo suficiente, como para desarrollarse en ella, ese es un tema que tenemos que responder los adultos".

La depresión puede estar enmascarada por diversas situaciones. Desmotivación, desesperanza, desgano, sentimientos de inutilidad, falta de estima propia. Pérdida de interés o de placer en actividades que antes la persona disfrutaba, incluyendo el ámbito sexual. Insomnio o exceso de sueño, pérdida o exceso de apetito, disminución de la energía, inquietud, angustia, irritabilidad, llanto fácil o agresión. Ideas obsesivas, fobias, celos enfermizos. También puede manifestarse a través de síntomas físicos, como cefaleas, molestias digestivas y dolores crónicos.

http://www.diarioaysen.cl/


Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, agosto 06, 2006

Ojo con la Depresión, Puede Ser Peligrosa

El psiquiatra Dr. Roberto Ramírez compara la mente humana con una orquesta gigante. Señala que la normal funciona como una enorme y armónica orquesta sinfónica cuyos componentes individuales son los diez mil millones de neuronas del cerebro. Como cualquier sinfónica, esta orquesta está dividida en sectores que se apoyan y complementan, al mismo tiempo que siguen una extraordinaria y complicada pero lúcida partitura.

"Pero si se comete algún error en esta complicada composición cerebral, o si uno o varios sectores dan una nota falsa. O confunden un "pianissimo" con un "forte", el resultado es el desorden y entonces la mente puede ser atacada por una psicosis ligera, o terrible", opina el Dr. Ramírez.

Hay varios trastornos que pueden ser bioquímicos o psicológicos: desde la depresión leve hasta los ataques de pánico (estado de ansiedad extrema que paraliza a la persona).
En su libro "Psychology. A Journey", el Dr. Dennis Coon afirma que:

· En Norteamérica más de dos millones de personas son admitidas en hospitales generales para recibir tratamiento psiquiátrico.

· A lo largo de su vida una de cada 100 personas sufrirá un trastorno de la mente tan severo que requerirá hospitalización.
· Entre tres y seis por ciento de las personas mayores sufren algún tipo de psicosis orgánica.

· Siete por ciento de la población tiene algún desorden relacionado con la ansiedad.

· Uno de cada ocho escolares está seriamente mal ajustado.
· Entre el 10 y el 20 por ciento de los adultos, o más, sufre durante su vida un episodio de depresión seria.

A lo largo del último año el trastorno bipolar ha captado la atencion del público porque el término se usa desde hace relativamente poco tiempo. Sin embargo, se trata de la ya conocida enfermedad maníaco-depresiva que ha afectado a miles de personas alrededor del mundo.

"La American Psychiatric Association cambió la nomenclatura y ahora le llama trastorno bipolar; pero incluso en Europa se le sigue llamando enfermedad maníaco-depresiva", dice el Dr. César Jardon, médico y psiquiatra que ha publicado numerosos trabajos.

"Las etapas fluctúan muchas veces con el estado del tiempo. Abundan casos en los que el paciente cambia con la luz: depresivo en invierno y maníaco en primavera. Existen tratamientos basados en una luz especial, dice el Dr. Jardon. Recuerda que en Finlandia en donde los inviernos son largos y oscuros, abundan los casos de depresión y "es el país en donde se comenten más suicidios".

Los episodios bipolares pueden prolongarse por semanas o meses; pero aun dentro de ellos el paciente pudiera sufrir cambios en el mismo día.

Así lo experimenta un exitoso pintor, cuyo nombre se mantendrá en el anonimato por razones de respeto a su vida privada. Sus obras pictóricas han sido exhibidas en conocidas galerías de varios países. Su elegante residencia está colmada de obras y objetos de arte. Sin embargo, se declara una persona infeliz: padece el trastorno bipolar.

"En mi fase maníaca me convierto en un comprador compulsivo: camisas, pantalones, chaquetas, trajes. Después, cuando cambio a la depresión, regalo la mayor parte de la ropa a alguna institución caritativa", explica. No se sabe con exactitud las causas de estas perturbaciones pero se ha descubierto que ciertas alteraciones de sustancias especificas en el cerebro (cambios bioquímicos) están relacionadas con su origen. Si hay mecanismos hereditarios estos no han sido comprobados concluyentemente; pero hay mayor riesgo entre los descendientes de personas que han sufrido depresiones serias.

En la fase maníaca el paciente tiende a ser exageradamente activo, con una elevada autoestima y tendencia a involucrarse en actividades que pueden llegar a ser riesgosas. En la depresiva, el paciente (hombre o mujer) se transforma: escasez de autoestima, indecisión, falta de energía y de interés, el apetito, tanto alimenticio como sexual, se miniminiza o desaparece y, por consiguiente, baja su peso corporal, lo embargan la tristeza, y las ideas suicidas.

"He estado hospitalizado dos veces por intentos de suicidio. A veces me hago cortaduras en los brazos con una navajita. Mi diagnosis es muy seria por el hecho de que, además de fases largas, también cambio en el mismo día o de un día para otro. Mi vida es un terrible yoyo: un sube y baja continuo. Y eso que tomo nueve pastillas por la manana y 11 por la noche".

El artista recuerda que padecía depresiones desde que era muy joven. Usualmente la bipolaridad se manifiesta entre los 15 y los 25 años; pero tambien puede presentarse en los alrededores de los 60 años o más.

La psicóloga Dra. Gelasia Márquez, explica que el trastorno bipolar tiene diferentes matices.

"No hay una entidad que pueda ser perfectamente definida. Hay una patología y muchas variantes", señala.

Otros Trastornos Depresivos

La depresión no es una señal de carácter débil: es una enfermedad cuyas causas son fisiológicas y /o psicológicas, dice la psiquiatra Dra. Dana Portman. La mayor parte de las depresiones pasan sin ser diagnosticadas y, por lo tanto, tampoco tratadas. Muchas veces porque los pacientes reportan a su médico solamente algunos de sus síntomas y el galeno falla al no considerarlos como una posibilidad de depresión, expresa.

"Quien sufra síntomas persistentes, no debe demorar en buscar ayuda de un psiquiatra, psicólogo, psicoterapeuta o psicofarmacólogo, los cuales pueden diagnosticar y tratar esos problemas correctamente," advierte Portman.

Señala otros dos grupos de depresión: grave, y ligera pero crónica.

Entre los síntomas de la depresión grave destacan: tristeza permanente, pesimismo; sentimientos de culpabilidad; baja autoestima; desesperanza o desamparo, ausencia de interés en actividades que antes de aparecer la enfermedad eran placenteras (incluyendo sexo); insomnio o, por el contrario, demasiado sueño, concentración difícil, aumento o pérdida de peso, fatiga, falta de energía, ansiedad, agitación, irritabilidad, pensamientos suicidas o de muerte, movimientos y palabras lentos.. Algunos tienden a hacerse daño a sí mismos.. Estas personas podrían perder contacto con la realidad y/o padecer alucinaciones.

"En adolescentes es necesario estar alerta si aparecen: insomnio, fatiga, dolor de cabeza o estómago, mareos, apatía, pérdida de peso, abuso de drogas o alcohol, fallas en la escuela, dificultad para concentrarse, aislamiento incluso de la familia y los amigos", expresa Portman.

La depresión ligera pero crónica produce sintomas que pueden ser menos intensos y menores en número. Casi todas las personas se sienten decaídas algunas veces por causa de algún percance que afecta sus vidas. Pero una depresión continuada por un largo período tendría que ser preocupante.

Una reacción depresiva (menor y casi siempre temporal) acompaña a una situación específica en la vida como, por ejemplo, el fallecimiento de un ser querido. Los síntomas pueden ser severos, pero usualmente no requieren tratamiento y desaparecen con el tiempo.

La depresión ligera crónica es similar a la reaccion depresiva en cuanto al grado de sufrimiento; pero su duración es mayor. Puede ser tratada pero a veces no es diagnosticada porque se confunde con la reacción depresiva. Es una enfermedad cíclica. Aunque la mayoría de los pacientes se recupera de su primer episodio depresivo, el nivel de la recurrencia es alto (posiblemente tanto como el 60 por ciento en dos años y 75 por ciento entre dos y 10 años).

La depresión mayor aparece a menudo espontáneamente, no es provocada, y generalmente desaparece en un término de entre seis a 12 meses. Por causa de sus efectos de inhabilidad o de posible suicidio, la depresión mayor necesita tratamiento.

Puede atacar a cualquier edad, incluyendo la niñez. Estudios en Estados Unidos muestran que suele aparecer en niños en la época que precede a la pubertad, aumentando el número de afectados cuando llegan a entre los 14 y los 17 años de edad. En estos últimos es frecuente alguna forma de depresión.

Sin embargo, el tiempo común es temprano en la edad mediana. La depresión es particularmente severa entre los mayores, como una reacción al proceso de envejecimiento (muerte de la pareja, familiar o amistad muy cercana, limitaciones de la edad y la confrontación con la muerte cercana). Los viudos ancianos son particularmente proclives al suicidio.

La enfermedad depresiva parece tener diferentes causas. Reacción depresiva, o "depresión normal", ocurre como resultado de un evento en particular. El sentimiento depresivo puede ser un efecto secundario de medicamentos, cambios hormonales (tales como los períodos antes de la menstruación o después del parto), o una enfermedad física como la influenza, o una infección viral.

Sin embargo las causas de la depresión mayor y la menor no están concluyentemente definidas. Los investigadores piensan actualmente que ambas son causadas por un mal funcionamiento de los neurotransmisores del cerebro, químicos (particularmente la serotonina) que modula el temperamento. Este mal funcionamiento parece tener un componente genético: en un estudio 27 por ciento de los niños con depresión tuvieron parientes que sufrieron desórdenes de temperamento.

Las enfermedades depresivas en general, requieren tratamiento para evitar que se agraven. Quienes padecen el trastorno bipolar, por ejemplo, pueden llevar una vida productiva y funcional, si reciben el tratamiento adecuado de medicamentos y psicoterapia individual o de grupo. Por otra parte, interrumpir la medicación sin la apropiada aprobación médica, puede acarrear trastornos muy graves, dice el Dr. Ramírez.


Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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jueves, agosto 03, 2006

Autoestima infantil

La autoestima en los niños puede en la mayoría de los casos mejorarse con un control de los padres y de la familia.

En una casa con padres de autoestima alta, los hijos observarán que los integrantes de la familia desarrollan su propio potencial, verán los retos como algo cotidiano y natural y los errores se interpretarán como oportunidades de aprendizaje y no como fracasos que los llenen de culpabilidad. Si a un niño se le corrige con cariño y somos capaces de fundamentar su necesidad, los niños suelen aprender mucho de los fallos, es importante aclarar que para el desarrollo de una buena autoestima son importantes los límites y la disciplina; los límites deben ser precisos, adecuados y claros, los cuales se deben hacer con respeto, firmeza, delicadeza y amor, la disciplina se debe dar de la mejor manera sin necesidad de llegar a que el niño tenga miedo.

En una casa de autoestima baja, los hijos observarán que los integrantes de la familia no se valoran a sí mismos, cada vez que tienen algún problema esperan que otras personas se lo resuelvan, tienen miedo al fracaso. Los niños difícilmente podrán desarrollar su autoestima, debido a que no existirá estimulación en su hogar, siendo éste el principal entorno para elevar su autoestima.

Para una mejor educación del niño, los padres deben de tener en cuenta los siguientes factores:

Temperamento del niño.
Intereses
Destrezas
Vulnerabilidad
Mecanismos de Defensa
Nivel Cognitivo

Sugerencias para desarrollar la Autoestima en un Niño

Desarrollar la responsabilidad del Niño: Darle la oportunidad al niño de participar en el desarrollo de tareas a manera de aprendizaje, en un ambiente cálido, procurando siempre incentivarlo en forma positiva.

Darle la oportunidad para tomar decisiones y resolver pequeños problemas: Darle la confianza necesaria para que el niño se desenvuelva sacando a relucir sus capacidades y habilidades.

Reforzar positivamente las conductas: Ser claro y concreto por alguna labor que ha realizado el niño, siempre debemos alabar su comportamiento en forma específica. Por ejemplo: Si el niño arregló su ropa, le dirás: "que ordenada dejaste tu ropa, gracias por ayudarme".

Establecer una autodisciplina poniendo límites claros: Enseñarle a predecir las consecuencias de su conducta. Por ejemplo se le puede decir que si no ordena sus juguetes después de terminar de jugar no verá televisión, y si no lo hace no se le debe dejar ver televisión aunque sea su programa favorito.

Enseñarles a resolver adecuamente el conflicto: Enseñarles a que deben aprender de sus errores y faltas como algo positivo, que servirá parta que no se vuelva a cometer los mismos errores.

Usar algunas reglas básicas de lenguaje

No usar palabras despectivas cuando se corrija al niño. Por ejemplo: se le puede decir: no me gusta que dejes tus juguetes por todas partes, eso me disgusta. No usar palabras como: eres un cochino, desastre, desordenado, entre otras palabras que pueden llevar a que el niño sienta que es así. Eso contribuiría a disminuir su autoestima.





Guia familiar
http://www.guiafamiliar.com


Enviado por Graciela E. Prepelitchi

 

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