Psicologia - Psiquiatria ***

 

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domingo, enero 29, 2006

¿Cómo vivir con un andropausico?

En qué se parece un temblor a la convivencia con un andropáusico? No, no se trata de una adivinanza sino de una pregunta seria que se encubre bajo una formulación graciosa”, explica la psicóloga argentina Beatriz Goldberg en su flamante libro ¿Cómo convivir con un andropáusico? Sobreviviendo a la menopausia masculina, de editorial Lumen que a finales de octubre estará en las librerías mexicanas.

“Es que en realidad la andropausia, como la menopausia o la adolescencia o como toda etapa vital que produce cambios a nivel físico y psicológico, provoca un temblor de grado 7 en quien la atraviesa y otro temblor interior en las personas que rodean a quien está viviendo ese periodo crítico. El problema es que mientras que los adolescentes y las mujeres menopáusicas están al tanto de que atraviesan una etapa vital con cambios a nivel fisiológico y psicológico, la andropausia en cambio, no es un tema de gran difusión social ni médica. Justamente por eso, suele suceder que el andropáusico no encuentra disponible una explicación socialmente aceptada para lo que le sucede. Se siente ‘raro’, disminuido, enojado consigo mismo, disconforme con su aspecto, peleado con sus sentimientos. Y, con frecuencia, estas sensaciones de falta de confort consigo mismo las proyecta sobre su entorno inmediato”.

Y su entorno inmediato reacciona a sus actitudes de distintas maneras, pocas veces óptimas. Muchas mujeres, por falta de información, se enojan con ellos, los regañan y no cesan de echarle en cara sus manías. Lo que no saben es que esas manías son la consecuencia de un volcán que se ha abierto en su interior y producen irritabilidad, mal humor, deseo de discutir, hostilidad hacia la pareja y los hijos, pelea permanente con el mundo.

A lo largo de 200 páginas, con un estilo fresco y burbujeante, la psicóloga termina con el mito machista que también las mujeres se encargan de sostener con su silencio o su falta de conocimiento sobre los cambios físicos y psicológicos que sufren los varones pasados los 45 años. Porque es verdad que sobre este tema la sociedad calla. “Si se ha instituido que a una mujer no se le debe preguntar la edad, más aún lo está que los hombres no envejecen con el mismo ritmo”.

Aquí el adelanto de algunos puntos que se destacan a lo largo del libro.

“Siempre joven”
Un andropáusico es, casi sin excepción, un hombre que no puede aceptar que ha envejecido. Y no toda la culpa de su ceguera es de él. La sociedad misma lo ayuda a no ver lo evidente. Hasta ciertos sexólogos varones dicen que la andropausia no es el equivalente masculino de la menopausia porque un hombre no pierde su capacidad reproductiva.

Pero lo cierto es que los espermatozoides también envejecen. Igual que los óvulos, tienen la misma edad del cuerpo que los produce. Lo único que jamás envejece en los hombres es su capacidad de fantasía. Los hombres pueden seguir fantaseando que tienen 20. Nunca dejan de ser niños, dice la autora y se pregunta cómo reconocer que un hombre ha entrado de pleno en la andropausia, y cómo puede una mujer darse cuenta que su marido, su viejo amante, su amante nuevo, su amigo íntimo, su nueva pareja, en fin, ese hombre de más de 45 años que está a tu lado o bastante cerca de ella está atravesando esa etapa crítica.

Aquí va un verdadero identikit de un andropáusico para que las mujeres sepan a qué atenerse: Tiene insomnio, se siente cansado, está deprimido, últimamente tiene algunos desacuerdos con su pene, a veces se ruboriza y tiene calor o está hipersensible e irritable.

Lo suyo, dice la autora, es una caída hormonal normal pero que tiene hondas repercusiones psicológicas. Pero quizá él no se deje ayudar por un psicólogo.

Señas particulares del andropáusico creativo
Es un hombre que sabe reconocer la edad que tiene, no se tiñe el pelo para disimular las canas ni se hace peinados ridículos para ocultar su calvicie.

• No cree que la andropausia sea el fin de la vida, sino el comienzo de una nueva etapa que puede ser tan productiva como las anteriores.

• No supone que una chava de 20 puede contagiarle por ósmosis su juventud.

• Aunque su cuerpo no es el de antes, sus ganas de vivir son las de siempre.

• Es capaz de aplicar respuestas inmediatas ante los nuevos desafíos que le plantea la vida.

• No teme hablar con su pareja de sus sentimientos de pérdida.

• No cree que el hecho de que alguna vez su pene no le responda como a los 20 sea una razón suficiente para hacerse el haraquiri.

• Es capaz de generar nuevos proyectos.

• No vive su vida como si estuviera jugando un “tiempo de descuento”, sino que lo hace en plenitud.

• No se regodea en la autocompasión.

• No le echa a la mujer la culpa de sus problemas.

• No compite con sus hijos.

• No se cree el centro del mundo, por lo tanto, no piensa que éste gira en torno de sus síntomas andropáusicos.

• Puede hacer algún tratamiento rejuvenecedor sin avergonzarse, pero también sin cifrar en él la esperanza de que podrá hacer que el tiempo vuelva atrás.

• Se controla periódicamente y se informa a través de lecturas sobre la etapa que está atravesando. La creatividad es la consecuencia de la inteligencia, y él está convencido de que el conocimiento y la comprensión cabal de cada una de las etapas de la vida ayudan a sobrellevarlas mejor.

• Es un hombre que se deja querer y no gruñe como un oso cada vez que se le pregunta qué le pasa.

Atención: bastará con que un hombre reúna la mitad de estas características para que puedas considerarlo un andropáusico creativo.

Tipologías
Aunque la negación es una característica universal del andropáusico, los hay de diversas clases:

1) El nostálgico: cree que el hábito hace al monje y, en consecuencia, se viste como si tuviera 30 años menos, usa la jerga de los adolescentes y adopta la pose de conquistador con las amigas de la hija o de la sobrina. En tren de confesiones íntimas, es capaz de describirse como un insaciable, un conquistador empedernido, un erotómano descontrolado.

2) El duro: sabe que su testosterona está en baja pero finge que no le importa. Le tiene tanto miedo al ridículo que prefiere autoproclamarse anciano antes que aceptar que puedan ser otros quienes lo rotulen de ese modo. Encara la vida como si estuviera viviendo un tiempo complementario y toma cualquier señal como un indicio indiscutible de que está viejo, gastado, acabado.

3) El cartesiano: considera que la madurez es la hora de la sabiduría y que el saber es la potencia de quienes ya no tienen 20 años y no deja de opinar sobre todo, meterse en lo que no le importa, y sentenciar sobre todo como si su palabra fuera ley.

4) El científico: considera que no hay barrera que la ciencia no pueda superar y echa mano de aparatos de gimnasio, pastillas de toda clase, dietas macrobióticas con pasión fundamentalista.

5) El vergonzante: es un andropáusico que se maquilla la edad pero que pretende hacerles creer a los demás que no se fija en su apariencia A su alrededor comienzan a desaparecer las máscaras capilares y faciales, los tintes de cabello, los catálogos de institutos estéticos para practicarse liposucciones.




Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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jueves, enero 26, 2006

¿El hombre piensa mejor?

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Aunque se los haya acusado de alimentar la aparición de esos estudios que (cíclicamente) confirman o refutan hipótesis sinuosas, los científicos no se dejaron amedrentar. El mes pasado los profesores de psicología Paul Irwing, de la Universidad de Manchester, y Richard Lynn, de la Universidad de Ulster, publicaron sus conclusiones en el British Journal of Psychology donde, básicamente, aseguraron que los hombres son más inteligentes que las mujeres. “El resultado de un estudio depende siempre de las metas del investigador. Si usted quiere evaluar cómo responde una persona a consignas formuladas siguiendo parámetros -de razonamiento masculinos-, es probable que los resultados sean los que fueron”, dice categórico Federico Aberastury, de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Y agrega: “Para una mujer, es difícil seguir el modelo de razonamiento masculino y viceversa. Ese es el margen de ese tipo de estudios”.

Silvia Tendlarz, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana, se opone desde el planteo original del estudio: “En este tipo de evaluaciones no se toma en cuenta lo particular de cada individuo y establece criterios cuantitativos que valen para todos sin considerar las singularidades. Si de inteligencia se trata, no se evalúa a través de tests, sino de cómo se lleva adelante la propia vida. Y para eso, las estadísticas y las mediciones siempre quedan un paso atrás de aquello que un sujeto, femenino o masculino, pueda expresar a través de su propia existencia”.

Para hacer su análisis comparativo entre inteligencias fem & masc, los autores se basaron en 20 mil exámenes de razonamiento de universitarios de todo el mundo. Y llegaron a un resultado contundente: la cantidad de hombres con coeficiente intelectual (CI) de 125, que es promedio de graduados universitarios, es el doble que el de mujeres. Además aseguran haber descubierto diferencias de inteligencia entre unas razas y otras. “No es posible establecer un conjunto de inteligencia por raza, planteo de por sí segregativo, ni por género, igualmente discriminatorio”, opina Tendlarz.

Está claro que este tipo de estudios puede indignar a muchas feministas y hacer sonreír a varios hombres. Más allá de ese cruce inocuo, el ambiente psi está acostumbrado a esta clase de debates. Aberastury lo confirma: “En el 1900 se hablaba de la debilidad mental de las mujeres como si fuera una cuestión genética. Freud introdujo el concepto de debilidad cultural en alusión a la moral burguesa y la imposición de no educarse que operaba sobre las mujeres. Creo que no hay diferencias entre el hombre y la mujer pero se generaron matices. Sobre todo en aquellos años, como la imposibilidad de educarse”.

Dejándose inclinar hacia un costado más conservador, los británicos parecen especialistas en encender polémicas. El año pasado, Lynn sorprendió a más de uno cuando gritaba a los cuatro vientos “¡El tamaño importa!”. Aunque se preocupó de comunicarlo en un tono más académico: "Los hombres tienen un cerebro un diez por ciento más grande. Necesariamente deben ser más inteligentes que las mujeres". Como era de esperar, Tendlarz se para en la vereda contraria: “El tamaño del cerebro no importa, sí la pasión y el deseo puesto en juego en cada paso que se da en los diferentes niveles de actividades y de rendimiento que involucra no solo el trabajo sino la vida cotidiana”.

Ya en el año 2003 Lynn se había unido al sociólogo Tatu Vanhanen, de la Universidad de Helsinki , Finlandia, para producir el informe “Intelligence and the Wealth and Poverty of Nations”, en un intento por entender la relación entre la inteligencia y la pobreza. Ahí dijeron: “La hipótesis examinada en este estudio ha sido que el ingreso per cápita nacional y la tasa de crecimiento estarían positivamente correlacionadas con el coeficiente intelectual”. Hay más: Camila Benbow, de la Vanderbilt University, cree que la mayor capacidad matemática de los hombres tiene una explicación biológica y sus estudios avalarían la hipótesis de Lynn. A esta misma conclusión se llegó después de pasar revista a los resultados de la competencia Putnam, un examen matemático conocido por su alta exigencia. Por último, Richard Coley, director de la Educational Testing Service, encontró que las mujeres se desempeñaban mejor que los hombres en habilidades verbales.

Mientras la escena hace foco sobre las inteligencias y la autoayuda ficcionada es el hit de las librerías, la posición maniquea sobre las capacidades por sexo nunca llega a una conclusión satisfactoria. Aberastury entibia la discusión: “El hombre se afirma a un discurso fijo, más sometido a pensar de acuerdo a formulas preestablecidas. Mientras tanto, la mujer es más creativa, puede saltar de un paradigma al otro porque su forma de razonar es flexible”.

 

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martes, enero 24, 2006

Estrés no es solo mental

Hasta ahora sólo se había sospechado que el estrés nos afectaba de alguna manera físicamente, pero ahora unos científicos australianos han encontrado evidencia objetiva de que esta conexión verdaderamente existe. El grupo del Garvan Institute en Sydney encontró que en momentos de estrés, los nervios producen una hormona que pasa al resto del cuerpo a través de la sangre inhibiendo a las células del sistema inmune que vigilan y destruyen a las bacterias y a otras substancias responsables de causar enfermedades. Esta hormona se llama “neuropéptido Y” o “NPY”.

Los resultados fueron publicados el Journal of Experimental Medicine y según uno de los científicos, ya se sabía que el “NPY” afectaba la presión y el ritmo cardíaco pero, el descubrir su impacto en el sistema inmune, abre nuevas oportunidades para atacar a algunas enfermedades, incluyendo al cáncer que podría acelerarse con el estrés.

Otras enfermedades relacionadas con el estrés son la artritis reumatoide, esclerosis múltiple, enfermedad del Crohn, diabetes tipo 1 y lupus.

Como el desarrollar una medicina que contrarreste los efectos de esta hormona tomará varios años, los investigadores recomiendan por el momento, evitar el estrés.

Descubrimiento sobre la diseminación del cáncer:

Un estudio reciente, descubre como se propaga el cáncer de un lugar a otro en el cuerpo. En lugar de que las células se separen del tumor y viajen a través de la sangre a otro órgano - en donde forman un tumor secundario - se ha descubierto que el cáncer envía primero a agentes a preparar el área nueva. El interceptar a estos agentes o bloquear su acción con medicamentos, podría prevenir la propagación del cáncer o al menos iniciar el tratamiento en pacientes en donde esto ya ha ocurrido.

La habilidad del cáncer de pasar a otros órganos es precisamente lo que hace a esta enfermedad tan mortal y una vez que el cáncer se ha diseminado a otros sitios, es más difícil tratarlo.

Este descubrimiento abre la puerta a conceptos y tratamientos nuevos. Si entendemos los procesos completos de cómo se desarrollan la células cancerosas, podemos crear medicamentos nuevos que van bloqueando cada paso, en vez de ir directamente a tratar al tumor, que seria más bien el paso final.

http://www.eldiariony.com/

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, enero 22, 2006

Lenguaje no verbal

Vale un gesto más que mil palabras? Parece ser que sí. Al menos, a juzgar por las palabras de los expertos en comunicación que indican que más del 60% de la comunicación está dominada por nuestros gestos y ademanes, por el lenguaje no verbal. Estas conclusiones son muy recientes, ya que el estudio científico de este tipo de comunicación se inició a comienzos del siglo XX con la investigación de las expresiones del rostro, un trabajo cuyos resultados no fueron demasiado alentadores.

La importancia de los gestos

En la década de los cincuenta la investigación cobró fuerza y un grupo de científicos (entre los que destacaron Ray L. Birdwhistell, Albert E. Scheflen o Paul Ekman…) enfocó el tema siguiendo una metodología científica que analizó la comunicación en su conjunto, abarcando diversos campos de la ciencia, como la psicología, la psiquiatría, la sociología, la antropología… En el año 1971 Flora Davis publicó en Estados Unidos el libro “La Comunicación No Verbal”, obra en la que recogió un resumen de estas investigaciones y que muestra cómo la parte visible de un mensaje es por lo menos tan importante como la audible, ya que los humanos nos comunicamos a muchos niveles simultáneamente, tanto de forma consciente como inconsciente.

La importancia que los diversos autores conceden a esta parte visible del mensaje “varía levemente, pero todos apuntan el predominio de lo no verbal frente a lo verbal”, según indica Alejandro Salgado, profesor de Comunicación Interpersonal en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca. Este docente subraya que otro estudioso de este campo, Albert Mehrabian, ya indicó que en la comunicación interpersonal el 93% del significado procede de lo no verbal (el 58% correspondería a los gestos, el 35% al uso de la voz para transmitir palabras y sólo el 7% restante del significado recaería en la importancia de la palabra). Otros autores, como Ray Birdwhistell, hacen recaer sobre los gestos el 60% de la comunicación, frente al 40% de la importancia de las palabras. La comunicación no verbal, como aclara Salgado, se compone esencialmente de:


Kinésica: Se trata de los gestos, las posturas y los movimientos del cuerpo.
Proxémica: Es la disposición de los objetos en un espacio, y cómo las personas se desenvuelven en un lugar. El mantenimiento de la conocida como “burbuja personal”, la distancia, es algo de suma importancia en todas las culturas. Muchas veces, el hecho de que una persona nos caiga mal se debe a una diferencia en la percepción de la distancia mínima entre la otra persona y nosotros.
Paralenguaje: Es el uso de voz para transmitir las palabras.




Sonreír, mover las manos de un modo u otro… ¿dónde se encuentra el origen de nuestros gestos, son rasgos innatos o aprendidos? Diego Sala, profesor de Comunicación de la Escuela Internacional de Protocolo explica que son consecuencia de un proceso mixto entre aprendizaje y genética. No cabe duda de que hay gestos innatos, gestos que son propios de la sociedad en la que nos encontramos, y otros tomados por imitación, como un gesto o tic ‘copiado’ de nuestros progenitores. Pero no siempre ocurre de este modo y hay estudios que constatan que los niños, aun antes de nacer, ya sonríen; asimismo, los niños ciegos de nacimiento esbozan una sonrisa que no han podido aprender por imitación de quienes están a su alrededor. Otros gestos y elementos no verbales son culturales, “algunos comunes a todas las culturas, y otros específicos. En la cultura oriental, por ejemplo, el contacto táctil apenas existe, y el uso de colores en ceremonias y rituales es diferente al nuestro”, explica Salgado. Porque, efectivamente, los dos expertos coinciden en señalar que la educación que recibimos es crucial para nuestro comportamiento no verbal, un aspecto que revela más de lo que sospechamos de nosotros mismos. ¿Hay que tener en cuenta, entonces, este tipo de comunicación?

Una herramienta muy útil
No hay duda de la importancia del lenguaje que no se expresa con las palabras, ya que sólo alguien “que actúe o domine mucho la destreza de comunicación simulará o nos engañará”, según indica el profesor de la Universidad salmantina. De hecho, la primera impresión es fundamental en casi todas nuestras relaciones con los demás. Lo que nos transmite alguien en un primer encuentro da lugar a una idea que se forma en nuestro inconsciente al instante de haber conocido a la persona. Un brevísimo período de tiempo que nos basta para decidir si alguien nos agrada o desagrada y si queremos mantener o no algún tipo de relación con ella. Porque el modo de saludar o movernos dice todo de nosotros, “desde el interés que tenemos por los demás hasta si nos encontramos nerviosos, seguros o extremadamente relajados”, explica el profesor salmantino. Sala señala además que el lenguaje no verbal es esencial para transmitir sentimientos y sensaciones: “Miradas, gestos de apoyo… son imprescindibles para trasladar sentimientos a las personas de nuestro entorno”, especialmente la mirada y las manos, una instrumento muy preciso para transmitir los estados de ánimo, “por lo que hay que saber utilizarlas como apoyo para enfatizar argumentos o ideas”, dice.

El cuerpo también “se chiva” cuando se miente o se fuerza una situación, y por este motivo las situaciones personales se resuelven mejor cara a cara que por teléfono u otro medio, donde se puede perder una importante parte del mensaje, aunque también la voz transmite mucha información. Una frase puede ocultar el significado contrario al que está expresando, según la entonación que se utilice, y los silencios también transmiten mucha información sobre cómo se encuentra realmente el otro, “bien por otorgar, bien por ser valorativos...”, subraya Salgado.

Los profesionales de los medios de comunicación visuales o los políticos son grandes conocedores de la importancia de controlar la postura o las expresiones faciales, y saben que todo comunica, desde el uso de los gestos y la voz hasta el diseño de los platós de televisión, el uso del vestuario, los colores… Un ejemplo de ello fue el primer debate televisado de la historia, que enfrentaba a Nixon y Kennedy. Quienes lo escucharon por la radio dieron la victoria a Nixon, por la consistencia de su discurso; por televisión, el vencedor fue Kennedy, debido a su soltura y capacidad de transmitir mediante el lenguaje no verbal. “La comunicación no verbal es una orquesta en donde cada instrumento debe estar correctamente afinado, y entrar en el momento justo”, indica Salgado, motivo por el que todos los profesionales relacionados con la imagen aprenden a dominar su propia comunicación no verbal, tanto como a estructurar su discurso.

Conocer el lenguaje no verbal puede servir de ayuda también para enfrentarse a una entrevista laboral, donde los entrevistadores intentan obtener la información que no consta en un currículo: la seguridad y la confianza del candidato, cómo se desenvuelve con las personas, su educación… Un estudio realizado en Reino Unido mostró que la mayoría de las empresas se basan únicamente en la entrevista como método para contratar personal, por lo que causar “una buena impresión inicial en una entrevista de trabajo puede ser incluso más importante que el currículum o las buenas referencias”, explica Salgado.

Para los que no dominen sus nervios, existe una esperanza, ya que Remedios Gómez, psicóloga experta en selección de personal, discrepa a este respecto y asegura que el lenguaje no verbal no resulta tan decisivo a la hora de asignar un puesto de trabajo a un candidato, ya que si quien realiza estas entrevistas no es un profesional y se deja guiar por los estereotipos, puede actuar en perjuicio del entrevistado. Gómez es más partidaria de utilizar la comunicación no verbal, en estas ocasiones, para reforzar al otro mediante una escucha activa que se manifieste con gestos de respaldo hacia el candidato, “como mirar con atención o echar el cuerpo hacia delante demostrándole interés”. Asimismo, señala la importancia de tener en cuenta que los gestos no se pueden interpretar por separado para evitar obtener conclusiones erróneas. Porque, ¿qué puede decir de nosotros nuestro cuerpo?

Las pistas

Teniendo en cuenta las afirmaciones de la psicóloga, y evitando conceder una excesiva importancia a las señales que envía nuestro cuerpo, generalmente hay una serie de indicadores en los que los expertos se muestran de acuerdo:


Manos: Generalmente, las palmas hacia arriba y abiertas indican honestidad. Por el contrario, hacia abajo, significan una posición dominante y en ocasiones, poca honestidad. Cerrar la mano y apuntar con un dedo, suele indicar una posición dominante y agresiva. En cuanto a los apretones de mano, si las manos están verticales, significa igualdad. Si una mano está encima, significa dominio y si está debajo, sumisión y recato. Cuando se hace con fuerza significa seguridad. Frotarse las manos significa que hay expectativas positivas o un buen entendimiento entre las partes. Juntar las yemas de los dedos de las manos puede indicar un alto grado de confianza en uno mismo.
Cara: Cuando la mano tapa la boca es señal de mentira, así como tocarse la nariz en múltiples formas o frotarse los ojos. Los ojos muy abiertos, denotan sorpresa, admiración, mientras que los ojos más cerrados o forzadamente cerrados denotan desconfianza, seriedad y desaprobación. Las personas que miran a los ojos suelen inspirar más confianza y ser más sinceras que las que rehuyen la mirada. La mirada puede ser: de negocios, cuando se mira la franja comprendida entre los ojos y la frente; social, que comprende la franja entre los ojos y la boca; e íntima, que comprende la franja situada entre los ojos y el pecho, y puede llegar a recorrer todo el cuerpo. Las miradas de reojo demuestran complicidad o duda.

Cruzar los brazos: es un signo de actitud defensiva, y si se hace con los puños cerrados significa, además, una actitud hostil. Si se cruzan con los pulgares fuera, demuestra superioridad. Si solo nos agarramos un brazo, es un signo de expectantes, una duda entre cruzar los brazos y crear una barrera o soltar el brazo cogido y mostrar confianza al interlocutor.

Cruzar las piernas: También denota una actitud defensiva o desconfianza. Si los brazos, además, sujetan la pierna, significa una actitud cerrada, de terquedad. El cruce de piernas si se está de pie denota actitud a la defensiva, pero si se mantienen ligeramente abiertas denota cordialidad y talante negociador. Si se cruzan los tobillos, es una actitud intermedia entre pasar a defensiva y mostrar confianza.

Si bien es cierto que las personas menos expresivas tienen limitada su capacidad de comunicación, la espontaneidad o la “gracia” no es una medicina que sirva para curar todos los males comunicativos, según indica Diego Sala, que añade que incluso “un exceso de estas características puede llevarnos a conseguir un efecto totalmente contrario al que buscamos”. Las personas más tímidas o menos expresivas deberían, por tanto, tomar el arma de la naturalidad, pues ser natural es la mejor manera de ser persuasivo: “Actuar tal y como somos y creer en lo que decimos es la fórmula más acertada para saber reaccionar en cualquier momento de expresión pública”, concluye.

http://www.consumer.es


Enviado por José Manuel Ferrer Guerra

 

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viernes, enero 13, 2006

Psicología y enfermedad mental


Entrevista con el Dr. Francesc Colom, investigador de las terapias psicoeducativas en la práctica clínica con pacientes con trastornos bipolares



Madrid, 13/19 enero 2006 (azprensa.com)

Como miembro del equipo del Programa de Trastornos Bipolares del Clínico de Barcelona, Francesc Colom ha dedicado los últimos años a la investigación de las terapias psicoeducativas en la práctica clínica con estos pacientes. Azprensa.com ha conversados con él para acercar a nuestros lectores la aplicación de estas terapias en los pacientes bipolares.

¿Por qué no está extendido el empleo de la psicoeducación en el tratamiento de los trastornos bipolares? ¿Cuáles son las causas de esta carencia?

Este tipo de terapias no se utilizan lo suficiente en España; muy pocos centros tienen en marcha este tipo de programas, a lo sumo cuatro en todo el país, y casi siempre a partir de iniciativas personales de los profesionales, que generalmente ponen en marcha programas de psicoeducación en el trastorno bipolar quitando horas de su tiempo libre. ¿Por qué? Sobre todo por un error de selección en los tratamientos psicológicos: habitualmente se ha considerado al psicólogo como un profesional menor que debe ocuparse de trastornos poco graves –también debido a la pobre formación de muchos psicólogos clínicos en el abordaje de la patología más grave-, pero esto no es así en absoluto. Es más, donde más importancia tiene el papel del psicólogo es como terapeuta coadyuvante en trastornos mentales graves como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

En sus investigaciones con el Programa de Trastornos Bipolares, ¿ha podido constatar el efecto de la psicoeducación en el tratamiento de este tipo de pacientes? ¿Qué les puede aportar?

Hemos demostrado que la psicoeducación ayuda a la prevención de recaídas. En un artículo publicado en la revista Archives of General Psychiatry demostramos que los pacientes psicoeducados tenían, a los dos años de seguimiento, menos episodios de cualquier tipo (manía, depresión o fases mixtas). Además, el tiempo de hospitalización también disminuía entre los pacientes psicoeducados.

El papel de la familia es de suma importancia para estos pacientes. ¿Es también la terapia psicoeducativa aplicable a los familiares? ¿En qué aspectos?

La psicoeducación puede aplicarse en familias, pero en un formato algo distinto. De hecho, nuestro grupo está llevando a cabo un estudio educando a los familiares de los pacientes y los resultados preeliminares son muy prometedores.

¿Tiene algún efecto la terapia psicoeducativa en el cumplimiento terapéutico? ¿Cómo se tiene que trabajar con estos pacientes para que no abandonen el tratamiento?

La psicoeducación mejora el cumplimiento de la terapia farmacológica en los pacientes bipolares. Más concretamente, lo que hemos observado es que estabiliza los niveles séricos de eutimizantes. Esto se consigue sobre todo gracias a informar al paciente ampliamente acerca de los pros y los contras de los fármacos que debe tomar y discutir las ventajas de tomar los fármacos y los riesgos de no tomarlo. Contrariamente a lo que mucha gente piensa, la información no espanta a los pacientes, sino que les anima a tomar bien el fármaco. Por otro lado, debemos pensar que en la actualidad, gracias a los avances de la tecnología, es relativamente fácil para cualquier persona acceder a información médica (por internet, sobre todo). Es decir, que si no nos preocupamos nosotros de informar a nuestros pacientes, los pacientes tratarán de informarse por sus propios medios, generalmente “desinformándose”, al no ser capaces de filtrar la información relevante de la anecdótica o las fuentes fiables de las que no lo son.

¿Cuándo debe empezar el paciente a recibir este tipo de terapias? ¿Qué participación tiene la familia en la misma?

La psicoeducación debe realizarse siempre cuando el paciente se halla asintomático: no tiene ningún sentido iniciar un grupo con pacientes agudos. La familia puede colaborar o participar en grupos de familiares, pero nunca mezclamos pacientes y familiares en un mismo grupo.

La demora en el diagnóstico, que en la actualidad es excesivamente elevada para este trastorno, ¿puede influir en el uso de la psicoeducación con los pacientes bipolares?

En general, cuánto más se tarde en diagnosticar la enfermedad, peor será el pronóstico. La respuesta terapéutica también podría ser peor.

Se ha comprobado que una tardanza excesiva en el diagnóstico del trastorno bipolar puede causar numerosos daños en el paciente. ¿Cuáles cree que serían los mecanismos adecuados para la realización de un diagnóstico precoz?

En general, mayor formación en psiquiatría de todos los médicos de asistencia primaria. Además, los psiquiatras deben acostumbrarse a pensar en la posibilidad de un trastorno bipolar siempre que se encuentren ante un paciente deprimido; tras descartar organicidad de la depresión, el segundo despistaje imprescindible cuando entrevistamos a un depresivo es el de trastorno bipolar. Debemos preguntar siempre –a el paciente y sobre todo a sus acompañantes- acerca de episodios pasados parecidos a una hipomanía, especialmente en pacientes jóvenes y muy particularmente en depresiones psicóticas, ya que la gran mayoría de deprimidos psicóticos jóvenes van a evolucionar hacia un trastorno bipolar.

¿Cree necesario que instituciones de carácter privado, como la Fundación AstraZéneca, participen en la divulgación de estos trabajos?

Lo creo imprescindible; estamos en un medio que no favorece especialmente la investigación clínica y terapéutica, y cualquier esfuerzo público o privado es bienvenido. Los psiquiatras españoles están ávidos de formación en nuevas técnicas de abordaje integral de los trastornos bipolares y la industria farmacéutica tiene un acceso a esta población que facilita dicha divulgación. Quiero agradecer expresamente a la Fundación AstraZéneca su apoyo.

¿Hacia dónde camina la investigación sobre el trastorno bipolar?

Lo más interesante es que se están integrando progresivamente aspectos que, en apariencia, nos podían parecer dispares como la neurofisiología y las intervenciones psicosociales. Buscar los predictores biológicos de respuesta a la psicoterapia es, por ejemplo, uno de los retos más apasionantes del próximo lustro.

http://www.azprensa.com

 

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martes, enero 10, 2006

Ante la depresión, hay que pensar en el trastorno bipolar

Cuanto más se tarde en diagnosticar el trastorno bipolar, peor será el pronóstico


Madrid, 11 enero 2006 (azprensa.com)

Según ha declarado a azprensa el doctor Francesc Colom, del equipo del Programa de Trastornos Bipolares del Clínico de Barcelona, los psiquiatras “deben acostumbrarse a pensar en la posibilidad de un trastorno bipolar siempre que se encuentren ante un paciente deprimido; tras descartar organicidad de la depresión, el segundo despistaje imprescindible cuando entrevistamos a un depresivo es el de trastorno bipolar”. Por ello recomienda: “Debemos preguntar siempre –al paciente y sobre todo a sus acompañantes- acerca de episodios pasados parecidos a una hipomanía, especialmente en pacientes jóvenes y muy particularmente en depresiones psicóticas, ya que la gran mayoría de deprimidos psicóticos jóvenes van a evolucionar hacia un trastorno bipolar”.

Colom, que participó recientemente, junto al profesor Eduard Vieta, en el curso “Psicoeducación en los trastornos bipolares”, organizado por la Fundación AstraZéneca, ha podido constatar el efecto de la psicoeducación en el tratamiento de este tipo de pacientes. “Hemos demostrado que la psicoeducación ayuda a la prevención de recaídas. En un artículo publicado en la revista Archives of General Psychiatry demostramos que los pacientes psicoeducados tenían, a los dos años de seguimiento, menos episodios de cualquier tipo (manía, depresión o fases mixtas). Además, el tiempo de hospitalización también disminuía entre los pacientes psicoeducados”.

En su opinión, la psicoeducación “mejora el cumplimiento de la terapia farmacológica en los pacientes bipolares”. Por ello se muestra partidario de informar al paciente ampliamente acerca de los pros y los contras de los fármacos que debe tomar y discutir las ventajas de tomar los fármacos y los riesgos de no tomarlo”.

La información no espanta

“Contrariamente a lo que mucha gente piensa –comenta Colom- la información no espanta a los pacientes, sino que les anima a tomar bien el fármaco. Por otro lado, debemos pensar que en la actualidad, gracias a los avances de la tecnología, es relativamente fácil para cualquier persona acceder a información médica (por internet, sobre todo). Es decir, que si no nos preocupamos nosotros de informar a nuestros pacientes, los pacientes tratarán de informarse por sus propios medios, generalmente ‘desinformándose’, al no ser capaces de filtrar la información relevante de la anecdótica o las fuentes fiables de las que no lo son”.

http://www.azprensa.com/noticias_ext.php?idreg=19758

 

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Proteína en el cerebro de ratones que podría estar ligada a la curación de la depresión

Un equipo de investigadores, dirigidos por el Nobel Paul Greengard, descubre una proteína en el cerebro de ratones que podría estar ligada a la curación de la depresión

El estudio, que ha sido financiado por el Instituto de Salud Mental de Estados Unidos, puede ser el primer paso para desarrollar tratamientos más eficaces contra algunos desordenes de comportamiento.


Nueva York, 10 enero 2006 (mpg.es)

Una investigación financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos y dirigida por el Premio Nobel Paul Greengard ha hallado una proteína, en el cerebro de ratones, que podría ser fundamental en la curación de la depresión, según informa la citada entidad en un comunicado.

“Los ratones que presentaban una deficiencia de esta proteína, denominada P11, manifestaban comportamientos ligados a la depresión, mientras que aquellos que tenían suficientes cantidades se comportaban como si hubieran sido tratados con antidepresivos”, explica Paul Greengard, director del Laboratorio de Neurociencia Molecular y Celular de la Universidad de Rockefeller que recibió el Premio Nobel de Medicina en el año 2000 por sus trabajos acerca de los neurotransmisores cerebrales.

Greengard y sus colegas encontraron que la proteína P11 parece regular la respuesta de las neuronas a la serotonina, una sustancia implicada en algunas enfermedades psiquiátricas como la depresión y la ansiedad.

“Este descubrimiento podría proporcionar un objetivo más específico para el desarrollo de nuevos tratamientos contra la depresión, la ansiedad y otras enfermedades mentales cuyo origen es una alteración del sistema serotoninérgico” asegura Elias Zerhouni, director del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos.

Para determinar cómo funcionaba el receptor de la serotonina 5-HT1B, Greengard y su equipo llevaron a cabo una prueba con el fin de descubrir qué proteínas de este receptor interactuaban con las células cerebrales. De este modo, descubrieron que el receptor 5-HT1B interactuaba con la proteína P11 que, según Greengard, juega un papel en el reclutamiento de los receptores a la superficie de las células, donde estos se hacen más funcionales.

Este descubrimiento hizo que los investigadores sospecharan que los niveles de P11 podrían estar directamente implicados en el desarrollo de la depresión y otras enfermedades metales producidas por un funcionamiento defectuoso de los receptores de serotonina. Para comprobar esta idea, examinaron el cerebro de pacientes deprimidos y de ratones con modelos de depresión, que desarrollan un comportamiento similar al de los humanos con esta enfermedad. De este modo, comprobaron que en los dos grupos los niveles de p11 eran considerablemente inferiores que en personas y ratones sanos.

Por otra parte, durante el estudio también se comprobó el efecto sobre los niveles de proteina P11 de algunos tratamientos diseñados para tratar la depresión. Así, se administraron a ratones dos tipos de terapias antidepresivas —un inhibidor de la monoaminooxidasa junto con un antidepresivo tricíclico y electroterapia—.

“Ambas terapias, aunque tienen mecanismos de acción totalmente diferentes, produjeron un aumento de P11 en el cerebro de los ratones. A la luz de estos datos, parece bastante probable que la citada proteína esté asociada con el efecto terapéutico principal de los medicamento antidepresivos”, explica Greengard.

A la luz de los datos encontrados el equipo de Greengard explica que todo hace pensar que, para que los antidepresivos ejerzan el efecto deseado, deben incrementar los niveles de proteína p11 en el cerebro. Según el Premio Nobel de Medicina, debería realizarse más estudios para determinar los mecanismos por los que las terapias contra la depresión aumentan los niveles de esta molécula.

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Proteína en el cerebro de ratones que podría estar ligada a la curación de la depresión

Un equipo de investigadores, dirigidos por el Nobel Paul Greengard, descubre una proteína en el cerebro de ratones que podría estar ligada a la curación de la depresión

El estudio, que ha sido financiado por el Instituto de Salud Mental de Estados Unidos, puede ser el primer paso para desarrollar tratamientos más eficaces contra algunos desordenes de comportamiento.


Nueva York, 10 enero 2006 (mpg.es)

Una investigación financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos y dirigida por el Premio Nobel Paul Greengard ha hallado una proteína, en el cerebro de ratones, que podría ser fundamental en la curación de la depresión, según informa la citada entidad en un comunicado.

“Los ratones que presentaban una deficiencia de esta proteína, denominada P11, manifestaban comportamientos ligados a la depresión, mientras que aquellos que tenían suficientes cantidades se comportaban como si hubieran sido tratados con antidepresivos”, explica Paul Greengard, director del Laboratorio de Neurociencia Molecular y Celular de la Universidad de Rockefeller que recibió el Premio Nobel de Medicina en el año 2000 por sus trabajos acerca de los neurotransmisores cerebrales.

Greengard y sus colegas encontraron que la proteína P11 parece regular la respuesta de las neuronas a la serotonina, una sustancia implicada en algunas enfermedades psiquiátricas como la depresión y la ansiedad.

“Este descubrimiento podría proporcionar un objetivo más específico para el desarrollo de nuevos tratamientos contra la depresión, la ansiedad y otras enfermedades mentales cuyo origen es una alteración del sistema serotoninérgico” asegura Elias Zerhouni, director del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos.

Para determinar cómo funcionaba el receptor de la serotonina 5-HT1B, Greengard y su equipo llevaron a cabo una prueba con el fin de descubrir qué proteínas de este receptor interactuaban con las células cerebrales. De este modo, descubrieron que el receptor 5-HT1B interactuaba con la proteína P11 que, según Greengard, juega un papel en el reclutamiento de los receptores a la superficie de las células, donde estos se hacen más funcionales.

Este descubrimiento hizo que los investigadores sospecharan que los niveles de P11 podrían estar directamente implicados en el desarrollo de la depresión y otras enfermedades metales producidas por un funcionamiento defectuoso de los receptores de serotonina. Para comprobar esta idea, examinaron el cerebro de pacientes deprimidos y de ratones con modelos de depresión, que desarrollan un comportamiento similar al de los humanos con esta enfermedad. De este modo, comprobaron que en los dos grupos los niveles de p11 eran considerablemente inferiores que en personas y ratones sanos.

Por otra parte, durante el estudio también se comprobó el efecto sobre los niveles de proteina P11 de algunos tratamientos diseñados para tratar la depresión. Así, se administraron a ratones dos tipos de terapias antidepresivas —un inhibidor de la monoaminooxidasa junto con un antidepresivo tricíclico y electroterapia—.

“Ambas terapias, aunque tienen mecanismos de acción totalmente diferentes, produjeron un aumento de P11 en el cerebro de los ratones. A la luz de estos datos, parece bastante probable que la citada proteína esté asociada con el efecto terapéutico principal de los medicamento antidepresivos”, explica Greengard.

A la luz de los datos encontrados el equipo de Greengard explica que todo hace pensar que, para que los antidepresivos ejerzan el efecto deseado, deben incrementar los niveles de proteína p11 en el cerebro. Según el Premio Nobel de Medicina, debería realizarse más estudios para determinar los mecanismos por los que las terapias contra la depresión aumentan los niveles de esta molécula.

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Hallazgo de molécula ayudaría a tratamientos contra la depresión

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Un grupo de científicos descubrieron una proteína que parece desempeñar un papel crucial en el desarrollo de la depresión, un hallazgo que podría llevar a nuevos tratamientos para la enfermedad y a entender por qué ocurre.

Desde hace tiempo se ha vinculado a la depresión con la falta de serotonina, una sustancia cerebral que regula el estado de ánimo. Pero aún se desconoce las razones que provocan la depresión. Tampoco se sabe con certeza cuál es el papel que juega la serotonina.

La nueva proteína, denominada p11, parece regular la manera como las neuronas responden a la serotonina, indicaron investigadores de la Universidad Rockefeller y del Instituto Karolinska, de Suecia, en un informe publicado el viernes en la revista Science.

"Todos estamos entusiasmados con el descubrimiento, pues la gente ha pedido desde hace mucho tiempo moduladores para la serotonina", señaló el neurocirujano Paul Greengard, ganador de un premio Nobel y que encabeza la investigación.

En opinión del farmacólogo de la Universidad de Oxforf, Trevor Sharp, quien revisó el estudio: "Este descubrimiento representa una prueba convincente de que la p11 cumple un papel central tanto en la causa de la depresión como en su tratamiento exitoso", agregó.

La mayoría de los medicamentos que se usan en la actualidad para atender la depresión son integrantes de la familia del Prozac, que aumentan el suministro de serotonina a las neuronas.

Este tratamiento parte de la teoría de que los pacientes que sufren depresión quizás no producen suficiente cantidad de serotonina, que es un neurotransmisor, es decir un elemento químico que permite la transmisión de señales entre neuronas.

Sin embargo, los científicos descubrieron que el papel de la serotonina era mucho más complicado, dependiendo de qué tan bien se integraba el neurotrasmisor con los receptores, o muelles de anclaje, en la superficie de las células.

Hasta el momento se han descubierto 14 diferentes receptores de serotonina.

La nueva investigación se enfoca en uno de esos receptores, conocido como el "1B", que parece desempeñar un gran papel en el desarrollo de la depresión grave.

Greengard y sus colegas descubrieron que la proteína p11 incrementa el número de receptores en la superficie de las células y las ayuda a movilizarse para que puedan estar disponibles para que la serotonina cumpla con su trabajo.

http://www.univision.com/



Saludos Afectuosos
Dr. José Manuel Ferrer

 

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