Psicologia - Psiquiatria ***

 

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miércoles, junio 29, 2005

Los retos de la esquizofrenia

El 90% de los pacientes depende de sus familiares, y uno de cada tres no responde bien al tratamiento

La esquizofrenia, una enfermedad mental crónica (no tiene cura) y persistente, sigue planteando muchísimos retos a las autoridades sanitarias españolas. La inmersión de los esquizofrénicos en la vida laboral requiere programas de trabajo y tratamientos adecuados que aún no se han consolidado. Nueve de cada diez pacientes dependen económicamente de sus familiares, y uno de cada tres no responde bien a los tratamientos farmacológicos.

Madrid
La reincorporación de los pacientes esquizofrénicos a la vida laboral requiere un programa específico de trabajo para ellos, además de un tratamiento farmacológico adecuado, según la presidenta de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental y jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Clínic Universitari de Valencia, Carmen Leal. Leal también explicó que este tipo de enfermos supone una sobrecarga importante para las familias, pues de estas depende económicamente el 90 por ciento de los pacientes, mientras que el 34 por ciento no responde bien al tratamiento.

«Para la reincorporación a la vida laboral de los pacientes esquizofrénicos hacen falta más cosas que encontrar fármacos mejor tolerados, que, por otra parte, ya existen. Pasa porque haya programas específicos para estos pacientes, y eso no depende del psicofármaco, aunque es verdad que cuando el antipsicótico sea mejor tolerado, provoque menos efectos indeseables y haga que el paciente -si cumple el tratamiento- se encuentre mejor, será más fácil que se reincorpore a un trabajo», asegura.

Y es que el 73 por ciento de los pacientes esquizofrénicos ni estudia ni trabaja, y hasta nueve de cada diez dependen de sus familiares, según los datos del estudio el estudio ACE (abordaje clínico de la esquizofrenia en España), patrocinado por los laboratorios Bristol-Myers Squibb y Otsuka Pharmaceuticals, en el que han participado casi 2.000 pacientes y 500 psiquiatras. Este hecho influye directamente en los costes indirectos que genera la enfermedad.

«La repercusión que tiene la enfermedad en la familia es que genera una sobrecarga social muy importante, porque muchos de ellos no tienen un trabajo, y porque pasan muchas horas en el hogar», explica la presidenta de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, que añade que «la importante sobrecarga en la familia se manifiesta en la disminución de la calidad de vida de los cuidadores y en la discriminación o estigma de los pacientes».

Además, a esta circunstancia poco valorada hay que añadir la dificultad que supone mantener el tratamiento de una manera continuada en el tiempo. El 34 por ciento de los enfermos no responde de manera adecuada. Por si fuera poco, la esquizofrenia tiende a manifestarse en las primeras fases de la edad adulta, cuando el paciente está en pleno desarrollo de su actividad profesional y personal. El 38 por ciento de los de este último grupo sufre recaídas, el 29 por ciento de los que cambian la medicación lo hace porque no experimenta ninguna mejoría, y el 21 por ciento la abandona por reacciones adversas. En este sentido, según Leal, «los últimos antipsicóticos tienen mejor tolerancia y menos efectos secundarios que los medicamentos clásicos, pero los pacientes cumplen mal el tratamiento, uno de los problemas graves de la enfermedad».

Leal añade que aún no existe un fármaco que resuelva la enfermedad. Y es que la esquizofrenia, desgraciadamente, no tiene cura.
En España, 400.000
Se trata, además, de uno de los trastornos frecuentes más graves, que interfiere en la capacidad de las personas para pensar y actuar racionalmente, controlar las emociones y tomar decisiones. Afecta al 1 por ciento de la población mundial, 61 millones de personas, de las que 400.000 viven en España.

La mayoría de los medicamentos que están en el mercado actúan bloqueando los receptores de la dopamina, un neurotransmisor implicado en la aparición de síntomas como las ideas delirantes, alucinaciones y trastornos de la conducta. Sin embargo, este mecanismo de acción puede acarrear unos niveles de esta sustancia excesivamente bajos, lo que puede producir en el paciente síntomas como trastornos del movimiento, alteración de la capacidad mental, disfunción sexual y aumento de peso.
En este marco se acaba de aprobar en España el uso de un nuevo fármaco, el aripiprazol, que actúa modulando -no bloqueando- el mecanismo de la dopamina, y también el de la serotonina. Los desequilibrios relacionados con este último neurotransmisor se refieren a otro ramillete de síntomas, como el retraimiento social, el embotamiento afectivo y la apatía, todos ellos menos aparatosos, aunque igualmente comprometedores en la evolución del enfermo a medio y largo plazo. Esta doble acción hace que muchos expertos ya lo consideren como el primero de una nueva generación de antipsicóticos.
Según el profesor Arvid Carlsson, premio Nobel de Medicina en 2000 por su descubrimiento del papel de la dopamina, «si el agonista parcial de este neurotransmisor logra una estimulación adecuada, puede mantener el sistema dopaminérgico en un nivel normal. Previene los efectos de la dopamina, pero también los derivados de una reducción anormal de esta sustancia». Esto, en su opinión, está muy próximo al ideal.

 

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jueves, junio 23, 2005

Depresiones post-psicóticas

A principios del siglo XX, el gran ordenador de la psiquiatría, el alemán Emil Kraepelin, prácticamente contemporáneo con Bleuler dividió las psicosis en dos grandes grupos.
Uno era el de las psicosis maníaco-depresivas, o manía y melancolía, o estados de excitación y de inibición, caracterizadas, la primera como un estado extremo de alegría y el otro por un estado extremo de tristeza. Ambos resultaban anormales por su desmesurada intensidad y además por la absoluta ausencia de causa real que las justificara.

Estas enfermedades eran periódicas, es decir, que la persona padecía durante un cierto lapso de la enfermedad y después se curaba radicalmente, volviendo a ser una persona totalmente normal. Pero la enfermedad tendía a repetirse, tanto en la forma de la alegría (manía) como en la de la tristeza (melancolía).Por eso se denominaban también psicosis periódicas.

El otro grupo de enfermedades que describió Kraepelin, fué el de la serie esquizo-delirante, que comprendía la esquizofrenia, la parafrenia y la paranoia. Eran enfermedades crónicas, incurables, caracterizadas por un delirio de tema generalmente persecutorio, progresivo, que llevaban a la pesona a la demencia final. Kraepelin denominó a la esquizofrenia demencia precoz.

Ambas series psicóticas se presentaban como independientes y sin relación la una con la otra.

Además, se les atribuía una predisposición somática. Los altos y flacos, cuyo modelo era don Quijote de la Mancha tenían tendencia a hacer cuadros del tipo esquizo-delirante y los gordos y bajitos, tipo pícnico, cuyo modelo era Sancho Panza, tendían a hacer cuadros maníaco-depresivos.

En esa clasificación ambos territorios patológicos estaban rigurosamente separados.

Pero había alguna excepción. Se observaba que un joven hacia un cuadro típicamente melancólico, o típicamente maníaco, y después de recuperado comenzaba a padecer de un cuadro esquizofrénico, que ya resultaba irrecuperable.

Y cuando se descubrieron los psicofármacos, y los pacientes se recuperaban con ellos se observaba, de manera totalmente inesperada, que en el curso del tratamiento, hacían un cuadro típicamente melancólico, de cuya diferencia con el anterior delirante el paciente era claramente consciente.

De esta manera, se estableció que la diferencia estricta entre las dos series psicóticas no era ya válida, y que habían enfermos psicóticos que podían afectar tanto la forma esquizo-paranoide como la forma maníaco-depresiva.

La moderna nomenclatura de estas depresiones las identifica como «depresión post-psicóticas.

Por eso, en nuestras «Instrucciones al paciente recuperado» en el número 8 señalamos con toda precisión:

“8º A pesar de cumplir bien estas indicaciones, puede sucederle que experimente algunos síntomas diferentes a la enfermedad anterior, del tipo de la depresión, la tristeza o el abatimiento. Por cualquiera de ellos consulte al médico y tendrán buena solución”

La experiencia muestra que estos cuadros melancólicos o depresivos secundarios a un cuado delirante son menos intensos, padecen de menor número de síntomas y se recuperan con más facilidad con los correspondientes tratamientos.

El prever con anterioridad esta complicación, hace que el paciente y los familiares la acepten, y no pierdan su fe en el médico y en la medicina.

En el año 1961, apenas traspasada la década de los años 50, la llamada ”dorada” de la psicofarmacología, publicamos un trabajo titulado “Sindromos depresivos en el curso del tratamiento cloropromazínico de los sindromos delirantes”. Decíamos tratamiento cloroprozínico porque ese medicamento, era el más frecuentemente utilizado en aquel entonces y utilizábamos la expresión “sindromos delirantes” para englobar las diferentes formas de la esquizofrenia, la parafrenia y la paranoia. Reunimos en ese trabajo seis casos que comenzaron por ser delirantes y que hicieron un cuadro melancólico. En nuestra experiencia no vimos aparecer, en la misma situación, sindromos de excitación maníacos.

Y dado que ciertos cuadros de la serie maníaco-depresiva eran el comienzo de un cuadro esquizofrénico. Y que estos mismos, una vez constituídos, se transformaban en melancólicos. Señalamos entonces que la barrera entre los dos grandes grupos de enfermos psiquiátricos crónicos , se había desvanecido.

Y cuando después, a lo largo de la evolución de los conocimientos, se describieron las esquizofrenias afectivas, se pensó en la mezcla de estas dos series.

En los últimos tiempos, hemos visto a este cuadro, descrito ahora en inglés, ya que el centro de la psiquiatría se ha trasladado desde Europa a los Estados Unidos, la denominación de post-psicotic depresions. Con la aparición en los años 80 de los conocimientos de los trasmisores neuroquímicos, posterior a los de los psicofármacos, entramos en una nueva dimensión. La psiquiatría dejó de basarse en una mera descripción clínica, sintomática, para comenzarse a interpretar metabólicamente, terreno en el cual nos encontramos ahora en la era de los neurotrasmisores y los receptores. Y aquí estamos, en los primeros años del siglo XXI.

El aporte que queremos deducir, aplicado al paciente psiquiátrico y a su familiar, es que las cosas nunca son demasiado sencillas, la ciencia progresa aceleradamente y que finalmente hay que concederle al médico, o a los médicos o a la medicina la última palabra en cuanto a los diagnósticos psiquiátricos y que ellos se encuentren también sometidos a la incertidumbre, al avance, y a las contradicciones aparentes inherentes al progreso incontenible del conocimiento.

http://www.analitica.com

 

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miércoles, junio 15, 2005

Descubren alteraciones cerebrales en personas sanas que tienen un gen asociado a la depresión

Existe un incremento en el riesgo de aparición de síndromes depresivos en personas con una variante del gen que controla los niveles de serotonina


E.P.- Los portadores sanos de un gen que aumenta el riesgo de depresión tienen alterada la actividad de circuitos cerebrales que intervienen en la emoción, según un estudio del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos que se publica en la edición digital de Nature Neuroscience. Este descubrimiento podría ayudar a explicar cómo la constitución genética puede conducir a elevar la susceptibilidad a la depresión.

Según los investigadores, un mayor riesgo de depresión se ha vinculado a una variante de un gen que controla los niveles de serotonina, que participa en la regulación del estado de ánimo. Las personas que portan esta variante son más propensas a desarrollar depresión, en particular si están expuestas a experiencias vitales estresantes o traumáticas.

Los científicos realizaron imágenes cerebrales de unos cien individuos sanos que no poseían un historial anterior de depresión.

Según el estudio, los portadores de la variante del gen de alto riesgo mostraban una reducción del volumen cerebral e interacciones alteradas entre regiones de un circuito cerebral que podría ser importante para el control de las respuestas emocionales negativas.

Los investigadores señalan que cerca del 30 por ciento de las puntuaciones de los sujetos en una escala estándar de "evitación del daño", una característica del temperamento hereditaria asociada con la depresión y la ansiedad, eran explicadas por cómo de bien se establecían las conexiones en el circuito cerebral regulador del estado de ánimo.

Estudios anteriores con imágenes cerebrales han mostrado cambios en los cerebros de pacientes deprimidos pero no estaba claro si estos cambios estaban causados por la depresión o si podían haber estado presentes antes de su inicio.

Los nuevos resultados sugieren que los genes dan forma al funcionamiento y estructura cerebrales, lo que a su vez podría contribuir a las variaciones individuales en el temperamento y la vulnerabilidad a los trastornos del estado de ánimo.

 

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sábado, junio 11, 2005

La tecnología se ha convertido en paliativo para aquellos que sufren el mal del siglo: la soledad.

Alguien con quien hablar al llegar a casa, con quien comentar las mejores jugadas del partido de fútbol o el último affaire del galán de la telenovela que trasmiten por la tele o, incluso, alguien con quien discutir, son ausencias que con frecuencia extrañan las personas que viven solas, aun aquellas que defienden a capa y espada su espacio personal. Sin embargo, la tecnología, que tiene respuestas para tantas necesidades reales y ficticias, sale al paso de los solitarios con productos como portarretratos que hablan con las voces de los seres queridos.

Una cadena de tiendas en Tokio comenzó a vender marcos para fotos que pueden almacenar mensajes de más de 12 minutos. Según un portavoz de la compañía CombiWith, inventora de los aparatos, los abuelos que quieren oír las primeras palabras y las risas de sus nietos podrían hacerlo mientas ven su foto enmarcada. Por ahora, sin embargo, resulta más práctico y económico llamar por teléfono, pues los portarretraos que hablan necesitan una fotografía especial, hecha por la misma empresa y que, según el tamaño, puede costar hasta 129 dólares.

Pero los abuelos no son los únicos clientes potenciales de las compañías interesadas en conquistar el mercado de los solitarios. Por ejemplo, en Alemania, un ingeniero mecánico ha desarrollado la que, en su concepto, es la muñeca inflable más moderna y realista: se puede escuchar los latidos de su corazón y, para completar, tiene los pies fríos para aquellos que les gusta dormir "entrepiernados" y saber que alguien los necesita para que le calienten los pies en el invierno.

Y es que a la hora de dormir, la soledad se hace más aguda. Por eso esta muñeca no es el único invento reciente en su género: la empresa japonesa Kameo acaba de lanzar el Boyfriend arm pillow, una suerte de almohada-compañero con un brazo capaz de rodear afectuosamente a su dueña. El brazo tiene forma y textura similares a las de un ser humano y además viene con dos camisas para que el alma solitaria pueda cambiar, lavar y planchar la prenda de su "muñeco". El mullido novio también cumple otra función, la de despertador, pues lleva un reloj incorporado.

Ahora bien, para los que necesitan que los despierten en las mañanas, pero les cuesta mucho levantarse, científicos del Instituto de Tecnología de Massachussets inventaron un reloj despertador llamado Clocky que, cuando suena y el interesado lo apaga, sale rodando, lo que obliga al interesado a dejar la tibieza de las cobijas para correr tras el aparato juguetón.

Si hay o no mercado para cargar los lazos afectivos con baterías doble AA es algo que sabrá en poco tiempo si las ventas de estos dispositivos y otros semejantes crecen lo suficiente como para dejar utilidades a sus fabricantes. Mientras tanto, lo único cierto es que las empresas de tecnología de consumo les apuntan cada vez más a nichos muy específicos de consumo. Esta vez, son los solitarios los que pueden elegir una compañía moderna, con todas las ventajas prácticas de la tecnología, pero sin los inconvenientes de las compañías de carne y hueso.


http://www.cambio.com.co

 

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El cerebro comprende antes de conocer

Demostrada la complejidad de los procesos mentales inconscientes

El cerebro es capaz de comprender el significado de una palabra e incluso de percibir su carga emocional antes de conocerla conscientemente. Un estudio que empleó electrodos implantados en las amígdalas cerebrales de un grupo de pacientes epilépticos, desvela actividad cerebral derivada de la significación de palabras mostradas a gran velocidad. Eso significa que existe en nosotros una decodificación inconsciente del significado del lenguaje que es previa a que la conciencia pueda conocer las palabras, por lo que se concluye que los procesos mentales inconscientes alcanzan niveles muy abstractos. Una relevación importante para la neurología, la psicología y la semántica. Por Eduardo Martínez.



El cerebro es capaz de decodificar el significado y el sentido emocional de palabras que se presentan al sujeto de manera subliminal, señalan los resultados de un estudio. Unos electrodos implantados en las amígdalas cerebrales de un grupo de pacientes epilépticos desvelaron actividad cerebral derivada de la significación de una serie de palabras mostradas a gran velocidad, a pesar de que los pacientes no pudieron ni leerlas. La complejidad de nuestros procesos mentales inconscientes es por tanto mucho más rica de lo que se estimaba.

El estudio, realizado por la unidad de “neuroimaginería cognitiva” del Inserm (el instituto francés de la salud y de investigación médica) y por el hospital Pitié-Salpêtrière de Francia, ha demostrado que nuestro cerebro es capaz de integrar nociones tan abstractas como las de un campo semántico, las de los significados, incluso antes de que conscientemente podamos leer las palabras que los contienen.

El trabajo ha sido dirigido por Lionel Naccache y ha sido publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Science.

Procesamiento inconsciente de información

Desde hace bastante tiempo, se sabe que nuestro cerebro tiene la capacidad de tratar la información que nos llega desde nuestro entorno sin que seamos conscientes. Sin embargo, los límites de los procesos mentales inconscientes han quedado sin determinar durante varias décadas.

Dentro de la psicología cognitiva, la preocupación acerca de la profundidad de los procesos subliminales de la mente inconsciente sigue sin estar hoy por hoy resuelta. ¿Puede el significado de palabras que no han sido detectadas acceder al subconsciente y hacer que nuestro cerebro se active?

La mayor parte de los procesos mentales inconscientes se han conocido gracias a representaciones cognitivas no abstractas. Se sabe, por ejemplo, que la morfología de una palabra y de las letras que la componen, las captamos inconscientemente.

Sin embargo, la percepción del significado de dichas palabras ha sido motivo de discusión entre los especialistas. Y, hasta ahora, no había sido demostrada científicamente, a pesar de que la imaginería subliminal –aquella que se realiza con imágenes presentadas de forma tan breve que no pueden ser percibidas conscientemente- se utilice en diversos campos como la publicidad o la política, con la intención de producir respuestas no conscientes en aquellos que ven imágenes aparentemente “inocentes” o no intencionadas. Su efecto queda en un nivel oculto, que no aparece en la imagen percibida por la conciencia, pero que queda trabajando en nuestro inconsciente.


Análisis con electrodos

El estudio realizado por el equipo del Inserm, dirigido por Lionel Naccache, en colaboración con los servicios de neurofisiología clínica, neurología y neurocirugía del hospital Pitié-Salpêtrière, ha demostrado que estos procesos mentales inconscientes pueden alcanzar niveles muy abstractos.

Los investigadores utilizaron una técnica de presentación visual subliminal: lanzaron a los pacientes una serie de flashes con palabras cuya duración no permitía su lectura consciente.

El hecho de que este grupo de tres pacientes epilépticos tuvieran, por su enfermedad, un implante transitorio de electrodos en el cerebro, permitió a los investigadores observar directamente el impacto de los flashes subliminales en la llamada amígdala cerebral, cuyo papel es crucial en el proceso de las emociones.

Se ha demostrado que pacientes con la amígdala cerebral lesionada no son capaces de reconocer la expresión de un rostro o si una persona está contenta o triste. Por otro lado, en experimentos con monos a los que se les extirpó esta glándula, se demostró que éstos manifestaban tras la extirpación un comportamiento social alterado, con una pérdida de la comprensión de las reglas de relación de la manada, además de verse afectadas las actitudes maternales y las reacciones afectivas frente a sus iguales. Asimismo, la amígdala cerebral también se relaciona con la capacidad de aprendizaje y con la memoria.

Actividad eléctrica inesperada

Mientras se les mostraban las palabras subliminales a los pacientes, la actividad eléctrica en la amígdala se puso en marcha, a pesar de que ellos no las podían leer. Las palabras eran de varios tipos: amenazantes, neutras o alegres.

En los tres casos, los científicos detectaron una respuesta de la amígdala relacionada con el valor emocional de las palabras, inconscientemente percibidas. Esta respuesta de la amígdala significa que existe una decodificación inconsciente previa a que la conciencia pueda otorgarles un significado, así como la extracción de su contenido emocional.

Con el fin de validar estos resultados, los científicos incluyeron en la experiencia palabras conscientemente perceptibles, lo que permitió demostrar que se activaba la misma región del cerebro de igual forma tanto si la lectura era consciente como si no.

Los pacientes, aunque afectados por la enfermedad de la epilepsia, mantenían intacta la amígdala cerebral, por lo que, en teoría, estos resultados pueden generalizarse a sujetos sanos. Estos trabajos sugieren que el sujeto ha realizado un tratamiento global del valor semántico de cada palabra, por encima incluso de una reacción emocional. Este equipo planea ya nuevas investigaciones al respecto con el fin de conocer los niveles de procesamiento inconsciente de significados subliminales.

El estudio ha demostrado que los procesos mentales inconscientes son complejos, frente a la creencia que se tenía de que eran automáticos o rígidos. Comprender el inconsciente, además, tiene una gran importancia en nuestro conocimiento de las causas de comportamientos que se manifiestan en el nivel consciente del ser humano.


Nuevos conocimientos sobre el cerebro

Este estudio confirma las evidencias de otros anteriores según los cuales existen procesos mentales ultrarrápidos que preceden a la toma de consciencia de la realidad. Aparentemente, el cerebro efectúa un tratamiento instantáneo intuitivo y global de la información, empleando para ello tanto los procesos mentales conscientes como los inconscientes.

Los procesos mentales inconscientes condicionan cualquier área de la conducta humana, como síntomas neuróticos, sueños o bromas, creaciones artísticas, mitos, religión y estructura del carácter, entre otras. La psicología moderna atribuye a Freud el descubrimiento de la existencia de los procesos psíquicos o mentales inconscientes, entendiendo que actúan por leyes propias idependientes de las que regulan la existencia consciente.

Sin embargo, el propio Freud reconocía que entre los precursores de este descubrimiento había importantes filósofos, como Schopenhauer, que con anteroridad al psicoanálisis se habían referido a la existencia en las personas de una “voluntad” inconsciente.

Descubrir los procesos mentales inconscientes hizo posible la comprensión de fenómenos psíquicos hasta entonces incomprensibles, como los sueños. Sin embargo, en la actualidad la neurobiología cuestiona la lectura del psicoanálisis sobre los procesos mentales inconscientes. Los neurobiologos, emulando a la física, prefieren hablar de distintos niveles de consciencia.

El estudio francés arroja por tanto nueva luz sobre este debate científico. También, e indirectamente, ilumina a la semántica, ya que, en cuanto ciencia que estudia los significados de las palabras, deberá incoporar las lecturas que hace el inconsciente humano de las expresiones y oraciones.

 

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miércoles, junio 01, 2005

Los varones gruñones tienen tratamiento

MAR DEL PLATA.- Si el hombre que está junto a usted de pronto se ha vuelto hipersensible, fácilmente irritable o el mínimo problema doméstico dispara su necesidad de discutir, mantenga la calma y considere sugerirle la visita a un endocrinólogo. Puede estar padeciendo de lo que desde 2004 se conoce como Síndrome del Hombre Irritable (SIM) o Gruñón y que puede estar ocultando una patología más grave: la depresión.

"En realidad, el SIM que se describe ahora es algo que desde hace mucho tiempo se observaba en el hombre alrededor de los 40 o 50 años: disminución de energía y vitalidad, especialmente sexual, menos ganas de vivir y cambios en el humor. Este cuadro puede estar dado por distintos factores: uno de ellos es la reducción del nivel de testosterona asociada con la edad", explicó el doctor Gastón Rey Valzacchi, jefe de la Sección Andrología del Hospital Italiano, que participa del XXI Congreso Argentino de Psiquiatría.

Se estima que la disminución normal de testosterona a partir de los 40 años es de un 1,5% anual. Sin embargo, cuando esa disminución es mucho más rápida, aparece la andropausia o menopausia masculina.

"El 25% de los hombres de más de 50 años tiene déficit de testosterona, lo que se incrementan con la edad. Y cuando falta esa hormona, tanto en los jóvenes como en los adultos, aumenta la frecuencia de los síndromes depresivos crónicos", dijo el doctor Pablo Knolovits, andrólogo del Servicio de Endocrinología del Hospital Italiano.

Se estima que la prevalencia de bajos niveles de testosterona varía cada 20 años. Así, entre los 20 y los 40, es del 1%, de los 40 a los 60 sube al 7%, a partir de los 60 llega al 25% y asciende al 35% en los mayores de 80.
Entre los síntomas más fáciles de reconocer está la disminución del deseo sexual, disfunción eréctil, alteraciones en el estado de ánimo, fatiga, somnolencia, desconcentración y reducción de la capacidad intelectual, ansiedad y depresión. Los cambios físicos incluyen pérdida de vello corporal, reducción de la masa y la fuerza muscular, aumento de la grasa abdominal y disminución de la densidad ósea.

Un estudio en 750 pacientes con niveles normales y bajos de testosterona, cuyos resultados publicó la revista Journal of Clinical Psichiatry, demostró que el 18% de los pacientes con un bajo nivel de testosterona para la edad sufrieron depresión dentro de los dos años de la medición. Entre los pacientes con un nivel hormonal normal, ello ocurrió en un 8% menos de casos.

"Esto demuestra que la testosterona puede ser un predictor de depresión en el paciente -opinó Knolovits-. Claro que hay que analizar que no existan otros problemas que afecten la producción hormonal, como tumores en la hipófisis o las apneas del sueño."

Una de las condiciones previas a que el especialista pueda proporcionarle al paciente una solución farmacológica para compensar ese déficit hormonal es estudiar en los mayores de 40 años la salud de la próstata, ya que uno de los riesgos de esas terapias es que si el paciente tiene cáncer de próstata aumente el tamaño del tumor.

"El peligro de los productos que suministran testosterona es que están reemplazando una hormona que, al agregarla, inhibe directamente la secreción normal. Por eso, el uso de estos fármacos sólo está indicado en aquellas personas en las que está certificada clínicamente la disminución del nivel hormonal y no para mejorar el rendimiento del paciente", dijo el doctor Luis María Zieher, presidente del Comité Independiente de Etica para Ensayos en Farmacología Clínica de la Fundación Estudios Farmacológicos y Medicamentos.

A diferencia de otros especialistas, el doctor Zieher no considera que la depresión pueda atribuirse a la falta de testosterona. "Es muy posible que acompañe a la incubación de un cuadro depresivo, pero son las situaciones de conflicto las que le generaron ese estado al paciente."

A medida que el hombre comienza a envejecer, afirma, comienza a vivir en un entorno cada vez más desfavorable para su realización en cada etapa de la vida. "Junto con la declinación en las funciones nerviosas, llegan síndromes de estado de ánimo disminuido. La pérdida del interés sexual es también una característica de las sociedades modernas y hasta se ve en los jóvenes: acompaña a las sociedades excesivamente competitivas, donde el hombre y la mujer tienden más a tratar de perjudicarse mutuamente o a ganar en una competencia en la que desapareció el rol femenino y masculino."

El resultado, para el investigador, es estrés y alteraciones que llevan a cuadros depresivos. "Hoy en día, el hombre tiene que rendir examen a diario y, quizás, estas medicinas buscan más hacer salirlo de una posición de dominado que a corregir patologías."

Depresión dolorosa

Además de la irritabilidad, como máscara de la depresión, ésta puede presentarse con fuertes dolores en todo el cuerpo, como los lumbares, los cervicales y las cefaleas. Se estima que el 30% de las personas con depresión tienen síntomas somáticos, es decir, manifestaciones físicas y que pueden transcurrir hasta cinco años para que la persona consulte a un médico.

Un estudio para determinar la prevalencia en América latina del dolor en los pacientes con depresión, cuyos resultados se publicarán en la edición de mayo de la revista Journal of Affective Disorders, demostró que en la Argentina el 90% de los pacientes tienen síntomas emocionales y físicos.

"En el mundo occidental, la presencia de síntomas somáticos es cada vez más creciente y, en una alta proporción de casos, la depresión de hipocondriza; cada vez más encontramos a un paciente depresivo que no se manifiesta triste, sino enfermo. El esfuerzo adaptativo a las exigencias de la vida cotidiana suma riesgos a personas vulnerables y el derrumbe depresivo es cada día más frecuente", señaló el doctor Carlos Soria, presidente de la Asociación Argentina de Psicofarmacología, durante un simposio sobre el dolor que causa la depresión.

http://www.intramed.net/


 

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